La prevención del VIH en jóvenes: un reto que combina educación, datos y servicios accesibles

By Lily Zurita Zelada

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El VIH continúa siendo un desafío silencioso entre los jóvenes, uno de los grupos más vulnerables frente a nuevas infecciones. Enfrentarlo requiere estrategias de prevención adaptadas a sus realidades: educación sexual integral, acompañamiento cercano y servicios de salud confiables que promuevan el autocuidado y reduzcan los riesgos.

“En el país, el VIH sigue siendo un problema de salud que afecta especialmente a los jóvenes. La prevención requiere más que información aislada: necesita educación sexual integral, acompañamiento constante y servicios accesibles que sean percibidos como seguros y confiables”, afirma Carla Wendy Vásquez, especialista en salud familiar y docente de la carrera de Medicina de la Universidad Franz Tamayo, Unifranz.

A nivel global, más de 40 millones de personas viven con VIH, y cada año alrededor de 370.000 jóvenes de 15 a 24 años se infectan, según datos del Programa Conjunto de las Naciones Unidas sobre el VIH/Sida (UNAIDS). Solo el 59 % de este grupo recibe tratamiento antirretroviral, lo que evidencia la brecha que aún existe en prevención y atención. En Bolivia, el 40 % de los nuevos casos de VIH se concentra en jóvenes de entre 15 y 29 años, de acuerdo con el Ministerio de Salud y Deportes.

“Crear programas de prevención cercanos y confiables permite que la información se traduzca en acción. La educación sexual integral y los servicios amigables fomentan que los jóvenes adopten medidas de protección de manera consciente y sostenida”, comenta Vásquez.

Muchos adolescentes enfrentan barreras invisibles que dificultan la toma de decisiones responsables sobre su salud sexual. La percepción de riesgo limitada, unida a la presión social y la influencia de pares, incrementa la vulnerabilidad frente al VIH. 

El Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) reporta que diariamente en América Latina y el Caribe, más de 30 adolescentes y jóvenes se infectan con VIH, lo que evidencia la necesidad urgente de estrategias adaptadas a esta población.

“El estigma es un obstáculo que dificulta la prevención. Crear espacios seguros donde los jóvenes se sientan escuchados y acompañados permite que puedan cuidar su salud sin temor ni vergüenza”, asegura la especialista.

La participación activa de los jóvenes en campañas y programas de prevención se vuelve estratégica para generar un verdadero impacto. Involucrarlos en el diseño de programas garantiza que las iniciativas sean relevantes, cercanas y efectivas, aumentando la percepción de que la prevención del VIH es un compromiso colectivo donde su voz cuenta.

“Escuchar a los jóvenes y trabajar con ellos permite que la prevención no sea algo impuesto, sino adoptado con conciencia. Involucrarlos en el diseño de programas asegura que las estrategias realmente respondan a sus necesidades y realidades”, explica Vásquez.

El acceso a servicios de salud amigables y confidenciales es otro pilar fundamental. Centros que ofrezcan información, pruebas y consejería sin barreras, con personal capacitado y empatía, permiten que los jóvenes tomen decisiones informadas y mantengan hábitos de prevención sostenibles. 

En Bolivia, más de 18.000 personas que viven con VIH acceden a diagnóstico y tratamiento antirretroviral gratuito, según el Ministerio de Salud y Deportes.

“Ofrecer servicios cercanos, respetuosos y adaptados a los jóvenes transforma la percepción de riesgo en acción responsable. El acompañamiento profesional y constante hace la diferencia en la vida de cada persona joven que se enfrenta al riesgo de VIH”, concluye la doctora Vásquez, docente en la carrera de Medicina de Unifranz.

Transformar la prevención del VIH en jóvenes requiere combinar educación, acompañamiento, eliminación del estigma y servicios adaptados. Solo así se podrá proteger a esta población vulnerable y garantizar que las futuras generaciones tengan acceso a información, herramientas y apoyo para vivir su sexualidad de manera segura y responsable.

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