La IA devuelve tiempo y creatividad a los docentes al momento de planificar sus clases

By Lily Zurita Zelada

La inteligencia artificial (IA) está transformando la planificación del aula al permitir que los docentes diseñen recursos, evaluaciones y materiales didácticos en menos tiempo, con mayor personalización y enfoque pedagógico. Su uso estratégico mejora la dinámica de clase, optimiza la retroalimentación y fortalece el aprendizaje significativo.

Pablo Llano, docente destacado de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Franz Tamayo (Unifranz), asegura que cada generación ha mirado con desconfianza las tecnologías que irrumpen en su cotidianidad. “Ocurrió con la radio, cuando parecía imposible entender cómo una ‘caja parlante’ podía transmitir voces. Pasó con la televisión y sus imágenes misteriosas. Hoy sucede con la inteligencia artificial”.

Muchos docentes sienten que la IA pertenece a las nuevas generaciones, que requiere conocimientos técnicos complejos o que su uso implica perder el control del proceso educativo. Sin embargo, la experiencia demuestra algo distinto; no hace falta entender cómo funciona la tecnología por dentro para aprovechar lo que ofrece por fuera.

Llano lo explica desde una anécdota familiar que ilustra esta relación con la tecnología: “Mi madre al principio no entendía WhatsApp ni TikTok, hoy los usa con total naturalidad. Incluso conversa con Alexa como si fuera una compañera. La tecnología dejó de ser algo extraño cuando descubrió lo útil que era en su vida diaria”.

Con la IA ocurre algo similar. Antes de pensar en algoritmos o modelos complejos, el docente necesita reconocer qué problemas concretos puede resolver en su planificación diaria.

La planificación del aula como un espacio creativo

Cuando el tiempo deja de estar absorbido por tareas repetitivas, la planificación del aula recupera su dimensión creativa.

Llano plantea incluso la posibilidad de alimentar a la IA con los propios apuntes, dibujos, esquemas y materiales acumulados por años. “La IA, basada en esa información, puede ayudarte a organizar tus ideas y hasta responder con tus propios enfoques guardados en tus apuntes”. La herramienta no sustituye la experiencia docente, la potencia.

La IA no solo ayuda a enseñar mejor, también impulsa al docente a seguir aprendiendo. La curiosidad por explorar nuevas metodologías, nuevos recursos y nuevas dinámicas se renueva.

“Ve a la IA como un aliado. No solo para enseñar, sino para aprender a aprender”, concluye Pablo Llano.

La IA como arquitecta de recursos académicos

La inteligencia artificial dejó de ser un simple buscador de información. Se convirtió en una herramienta capaz de construir contenidos educativos con una rapidez que transforma la rutina docente.

“La IA hoy puede generar tres versiones de un mismo texto con distintos niveles de complejidad en cuestión de segundos. Eso permite atender la diversidad del aula sin multiplicar el trabajo del profesor”, señala Llano.

La generación de recursos académicos se ha ampliado notablemente. Desde la creación de bancos de preguntas con sus respectivas rúbricas, hasta guiones para videos educativos, diagramas complejos o la adaptación de artículos extensos en formatos más visuales y amigables.

Lo que antes demandaba horas de edición, redacción y diseño, ahora puede resolverse en minutos. Esta eficiencia no empobrece el proceso, al contrario, libera tiempo para que el docente se concentre en lo pedagógico.

Más tiempo para enseñar

Llano utiliza una expresión muy gráfica para describir el impacto de la IA en la planificación: la reducción de la ‘carpintería administrativa’. “Si tuviera que cuantificar, la IA reduce entre un 60 y 70% el tiempo destinado a tareas logísticas y repetitivas. Eso cambia completamente la dinámica del aula”, afirma.

Ese tiempo recuperado se traduce en clases más dinámicas, con mayor espacio para estrategias como la gamificación, el Aprendizaje Basado en Proyectos (ABP) o debates que fomenten el pensamiento crítico.

Además, permite mejorar la retroalimentación. “En lugar de corregir 40 ensayos y devolverlos una semana después, la IA puede ayudar a generar una primera devolución casi inmediata. El aprendizaje ocurre en caliente, cuando el estudiante todavía está conectado con lo que escribió”, explica.

La productividad deja de medirse en cantidad de papeles revisados y comienza a medirse en calidad de acompañamiento.

Un asistente de cátedra, no un reemplazo

Para Llano, la clave está en cómo se concibe el uso de la IA. “La IA debe ser vista como un asistente de cátedra, no como el mentor o el profesor”, enfatiza. Su recomendación se basa en el modelo Human-in-the-loop: la IA propone y el docente dispone. Es decir, la herramienta sugiere, pero el criterio pedagógico sigue estando en manos humanas.

“Un docente que usa IA no es un docente vago. Es un docente que decidió priorizar el acompañamiento humano por encima del papeleo”, sostiene. Este enfoque también cambia la relación con los estudiantes. En lugar de prohibir el uso de la IA, el desafío está en enseñar a utilizarla con criterio, ética y pensamiento crítico.

El uso de plataformas como ChatGPT, Gemini, Claude, Canva Magic Studio, Gamma, Perplexity, Curipod o Quizizz AI ya se está incorporando en la planificación docente. Estas herramientas permiten planificar clases, diseñar presentaciones, investigar con fuentes citadas, crear cuestionarios gamificados y generar recursos visuales atractivos.

La combinación de estas aplicaciones convierte a la IA en un entorno de trabajo integral para el profesor, donde la planificación del aula se vuelve más ágil, visual y estratégica.

Alfabetización digital y criterio pedagógico

El uso de IA en educación también exige nuevas competencias. Llano advierte sobre un aspecto crucial: la IA puede “alucinar”, es decir, inventar datos.

“Por eso el rol del docente es más importante que nunca. Ya no somos los dueños del conocimiento, somos los guías que enseñan a discernir qué información es veraz y cuál no”, afirma. Esta alfabetización digital no solo aplica al profesor, sino también a los estudiantes. Aprender a usar la IA de manera ética y crítica se convierte en parte del proceso formativo.

La planificación del aula deja de ser una carga operativa y se transforma en un proceso estratégico, creativo y centrado en el estudiante. Allí es donde la Inteligencia Artificial demuestra su verdadero valor en la educación.

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