El turismo comunitario frente al desafío de digitalizarse, capacitarse y planificar

By Leny Chuquimia

En Bolivia, el turismo empieza a verse como un sector estratégico en crecimiento, pero aún marcado por profundas brechas estructurales. Según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), el país recibió más de 1,24 millones de visitantes internacionales en 2023, generando cerca de 894 millones de dólares en ingresos. 

Sin embargo, este crecimiento convive con limitaciones como la falta de capacitación, de digitalización y de planificación que, en muchos municipios, frenan su desarrollo. Esto crea una paradoja en la que el turismo boliviano avanza, pero no al ritmo de su potencial.

Un potencial que aún no se articula

Municipios como Quime, en el departamento de La Paz, reflejan esta dualidad. Con una fuerte riqueza cultural e histórica, el territorio posee condiciones para posicionarse como destino turístico, pero enfrenta desafíos en organización y gestión.

“Hoy en día el turismo está tomando relevancia, y estas políticas van a ayudar a que los municipios mejoren”, señala Cristian Ariel Monroy, técnico de la Dirección de Turismo y Cultura del Gobierno Autónomo Municipal de Quime.

Uno de los principales problemas identificados es la falta de articulación entre actores locales. La desconexión entre servicios como hotelería, transporte y organizaciones comunitarias limita la consolidación de una oferta integral.

“No muchas veces se llega a unificar”, explica Monroy. “Parte de esta planificación es ver cómo podemos mejorar y hacer que esto funcione como un mecanismo para que el turismo crezca”.

La brecha de la capacitación

A nivel nacional, uno de los principales cuellos de botella es la falta de formación especializada. Aunque el turismo genera más de 400.000 empleos directos e indirectos en Bolivia, muchos actores locales carecen de herramientas técnicas para mejorar la calidad del servicio. Desde la academia, Unifranz ha identificado esta brecha como un punto crítico.

“Hay muchos municipios que carecen de capacitación”, explica Claudia Cadena, directora de Administración de Hotelería y Turismo. “Nuestro trabajo es fortalecer esas falencias específicas”.

Los procesos de formación, que en el caso del programa de fortalecimiento de Unifranz comenzó en noviembre de 2025, busca no solo transferir conocimientos técnicos, sino también mejorar capacidades de planificación, comunicación y gestión.

“Muchos municipios no cuentan con planificación. Este apoyo nos da Unifranz es una base muy importante”, afirma Monroy.

Digitalización, el punto de quiebre

Si hay un factor que resume tanto el rezago como la oportunidad del turismo boliviano, es la digitalización. En el contexto global, la visibilidad de diferentes destinos depende de plataformas digitales y redes sociales, pero muchos municipios aún no cuentan con estrategias de promoción ni herramientas tecnológicas básicas.

“Las competencias digitales son prioritarias. La tecnología es clave para que los municipios sean conocidos a nivel nacional e internacional”, sostiene Cadena.

El problema no es menor. Entre estas limitaciones está el acceso a medios de pago digitales, promoción online y plataformas de reservas. Lo que hace que las comunidades que no están conectadas o no tuvieron una alfabetización digital se vean relegados del rubro.

Según datos oficiales, en 2024 Bolivia registró 991.184 visitantes extranjeros y generó cerca de 740 millones de dólares en ingresos turísticos, cifras que evidencian el peso económico del sector, pero también su vulnerabilidad ante factores como conflictos sociales o limitaciones estructurales.

“Tenemos mucha oportunidad de mejora en acceso a tecnologías, especialmente en promoción y medios de pago”, explica Marilyn Soria, decana de Ciencias Económicas y Empresariales de Unifranz.

La cadena de valor: de lo aislado a lo integrado

Más allá de la tecnología, el desafío central es estructural. En este punto entra la construcción de una cadena de valor articulada en la que participen todos los actores. Este enfoque es clave si se considera que el turismo aporta actualmente alrededor del 4% del PIB boliviano, con proyecciones gubernamentales de duplicarlo en los próximos años .

“Ya no se puede trabajar de forma aislada”, sostiene Soria. “Deben participar todos: comunidad, productores, agencias, transporte”.

La falta de integración entre actores no solo reduce la competitividad, sino que limita la experiencia del turista, afectando la posibilidad de posicionar destinos emergentes.

Entre el freno y la oportunidad

El turismo en Bolivia está en un punto de inflexión. Por un lado, enfrenta limitaciones históricas como la falta de planificación, escasa capacitación y una débil adopción tecnológica y por otro lado, cuenta con un potencial ampliamente reconocido y en crecimiento.

En 2023, el turismo creció más del 50% respecto al año anterior, lo que evidencia una recuperación acelerada tras la pandemia. Sin embargo, el reto ahora no es solo crecer, sino consolidarse.

En Bolivia, el turismo ya no es una promesa. Es una oportunidad concreta. Pero su desarrollo dependerá de algo más que paisajes, dependerá de la capacidad de sus territorios para adaptarse, conectarse y organizarse en un mundo cada vez más digital.

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