Cómo proteger la salud mental de niños y jóvenes del brain rot digital
El cansancio emocional, la falta de concentración y la irritabilidad ya no son señales exclusivas del estrés escolar o familiar. En niños y jóvenes, estos síntomas comienzan a relacionarse cada vez más con una sobreexposición a pantallas, redes sociales y estímulos digitales constantes. A este fenómeno se lo conoce como brain rot digital, un término que advierte sobre el impacto silencioso que el uso excesivo de la tecnología puede tener en la salud mental y el desarrollo cognitivo de las nuevas generaciones.
Carmen Aguilera, psicóloga y docente de la carrera de Psicología en la Universidad Franz Tamayo (Unifranz), señala que no se trata de demonizar la tecnología, sino de entender sus efectos cuando no existe autocontrol ni acompañamiento adulto.
“El brain rot digital es una forma de referirse al deterioro o empobrecimiento mental que ocurre por la sobreexposición a medios digitales. Es, en el fondo, el resultado de la falta de regulación en el uso de redes sociales y tecnología en general”, explica.
Brain rot digital, un deterioro silencioso
El brain rot digital no aparece de un día para otro. Se instala de manera progresiva cuando el tiempo frente a pantallas desplaza actividades esenciales para el desarrollo cerebral, como el juego, la lectura, la interacción social o el descanso. Según Aguilera, “cuando el cerebro deja de recibir estímulos variados y significativos, sus funciones comienzan a alterarse, especialmente la atención y la memoria”.
Diversos estudios advierten que la exposición prolongada a contenidos breves, repetitivos y altamente estimulantes reduce la capacidad de concentración sostenida. Esto afecta estructuras cerebrales clave como el hipocampo, encargado de la formación de nuevos recuerdos; la corteza prefrontal, responsable de la memoria a corto plazo y la regulación emocional; y el sistema límbico, que gestiona emociones e impulsos.
“Incluso áreas como la amígdala o el cerebelo pueden verse comprometidas, lo que repercute en la memoria emocional y procedimental”, añade la especialista.
La memoria en riesgo y la atención fragmentada
Uno de los efectos más preocupantes del brain rot digital es el impacto en la memoria. Aguilera explica que “las personas pasan demasiado tiempo en redes sociales y dejan de lado actividades que estimulan el cerebro. Esto provoca que las funciones cognitivas se debiliten”.
La atención fragmentada, el olvido frecuente y la dificultad para retener información nueva se vuelven cada vez más comunes en edades tempranas.
Este deterioro no solo afecta el rendimiento académico, sino también la forma en que niños y adolescentes procesan la realidad, toman decisiones y gestionan sus emociones. A largo plazo, puede comprometer la autonomía cognitiva y el pensamiento crítico, habilidades esenciales para la vida adulta.
Generación Z y nuevas infancias, las más expuestas
La generación Z y las que vienen detrás crecieron con acceso temprano e ilimitado a dispositivos digitales. Para Aguilera, esta accesibilidad explica su mayor vulnerabilidad.
“Existe un serio problema en el control de impulsos, porque el estado de ánimo depende de una respuesta inmediata, como los likes o reacciones. Esto genera inmediatismo y poca tolerancia a los procesos reales, que requieren tiempo y esfuerzo”.
Prácticas como el doomscrolling, el consumo compulsivo de información negativa o irrelevante, intensifican el agotamiento mental y aumentan problemas cognitivos y conductuales. “Se observa una baja resiliencia y una mayor dificultad para enfrentar frustraciones cotidianas”, advierte la psicóloga.
Hacer una pausa para cuidar la salud mental
Frente a este escenario, hacer una pausa en el uso de tecnologías se vuelve una necesidad para proteger la salud mental infantil y juvenil. Aguilera señala que rutinas como el detox digital permiten recuperar claridad mental, mejorar el pensamiento crítico y aumentar la productividad. Investigaciones citadas por National Geographic indican que pausas de al menos dos semanas pueden generar cambios positivos significativos.
Además, el brain rot digital comienza a estudiarse como un factor que influye en cuadros de ansiedad, depresión e incluso brotes psicóticos, especialmente cuando no existe autorregulación. “El problema no es la tecnología, sino la ausencia de límites y acompañamiento”, subraya.
Estrategias para proteger la salud mental de niños y jóvenes
Proteger la salud mental no implica prohibir, sino educar y regular. Para Aguilera, el control parental con horarios establecidos es fundamental, ya que “los límites ayudan a disminuir los efectos negativos del uso excesivo de redes”. También recomienda pausas digitales progresivas, adaptadas a la edad y capacidad del niño o adolescente.
Actividades como el mindfulness, los juegos al aire libre, los pasatiempos de mesa, la música, el baile, la escritura y el arte estimulan diversas áreas cerebrales y fortalecen la memoria, la atención y la flexibilidad mental.
“Escribir, por ejemplo, es fundamental para las funciones ejecutivas y la psicomotricidad, mientras que la creatividad permite construir experiencias sanas y significativas”, destaca.
Acompañar, no prohibir
La especialista enfatiza que restringir de forma absoluta el acceso a plataformas digitales no es la solución. “Los padres y tutores deben ser asertivos y estratégicos, concientizar sobre los perjuicios del uso indiscriminado de la tecnología con ejemplos reales y adecuados a la edad, y consensuar formas de limitar su uso”, afirma.
Cuando la conducta sobrepasa el autocontrol, buscar ayuda psicológica profesional es clave. “Un diagnóstico oportuno permite un tratamiento eficaz y evita consecuencias más graves”, concluye Aguilera.Cuidar la salud mental de niños y jóvenes frente al brain rot digital es un desafío urgente que requiere conciencia, límites claros y un acompañamiento activo. La tecnología llegó para quedarse, pero el bienestar emocional y cognitivo debe ocupar siempre el primer lugar.