Cómo acompañar a alguien que sufre: las palabras y gestos que realmente ayudan
Cuando una persona cercana atraviesa una crisis emocional, muchas veces no sabemos qué decir o cómo actuar. El miedo a equivocarnos o a agravar la situación puede paralizarnos. Sin embargo, acompañar con empatía y atención puede marcar la diferencia. Saber estar, escuchar y contener sin juzgar son habilidades esenciales para brindar apoyo emocional en momentos de sufrimiento.
“Los primeros auxilios psicológicos son técnicas para calmar o apaciguar a una persona que está atravesando un hecho traumático o una crisis, ayudando a disminuir el estado de angustia y ansiedad hasta que pueda ser derivado a un lugar de asistencia psicológica en caso que así lo amerite”, explica Liudmila Loayza, directora de la carrera de Psicología de la Universidad Franz Tamayo (Unifranz).
Acompañar a alguien en medio del dolor no requiere soluciones mágicas ni palabras perfectas, sino presencia. Loayza destaca que estos primeros auxilios psicológicos —al igual que los físicos— pueden salvar vidas al ofrecer contención en el momento adecuado. Comprender que el sufrimiento emocional necesita atención inmediata es clave para evitar que una crisis derive en consecuencias mayores.
“No podemos estar desvinculados o ser indiferentes al sufrimiento de otra persona”, subraya la psicóloga. “Tan solo con escuchar no sabemos si podemos estar evitando un posible suicidio o que una persona caiga en algún vicio o esté sufriendo violencia y no sabe qué hacer”.
De acuerdo con Loayza, acompañar de forma adecuada implica tres pasos iniciales: ver, escuchar y vincular. Observar el entorno, detectar la necesidad de ayuda, escuchar activamente sin juicios y conectar a la persona con su red de apoyo o con un profesional son acciones fundamentales. A partir de estas bases, los especialistas recomiendan ocho pautas concretas para brindar apoyo emocional en momentos difíciles.
Ocho consejos para apoyar a una persona que sufre
1. Escuchar activamente y preguntar por los sentimientos
La escucha activa es la piedra angular del acompañamiento. Se trata de ofrecer atención plena, sin interrumpir ni apresurar al otro. Preguntar cómo se siente y qué necesita permite que la persona se sienta comprendida y validada.
2. Validar el dolor y reconocer la experiencia
Evitar frases como “no es para tanto” o “ya pasará” es esencial. Cada experiencia es única y merece respeto. Reconocer el sufrimiento del otro fortalece el vínculo y evita que la persona se aísle.
3. Ofrecer apoyo concreto
Más allá de las palabras, los gestos cuentan. Proponer ayuda práctica —acompañar al médico, realizar una compra, hacer una llamada— demuestra compromiso y presencia real.
4. Evitar minimizar o dar consejos no solicitados.
Frases bienintencionadas pueden resultar dañinas si restan importancia al dolor ajeno. Loayza enfatiza que “no se debe minimizar lo que siente la persona ni decirle ‘tranquilo’, porque es importante que haya un tiempo de escucha”. El acompañamiento respetuoso parte de aceptar el estado emocional del otro sin intentar corregirlo.
5. Respetar la confianza y los tiempos del otro
La confidencialidad y el respeto por el ritmo de quien sufre son fundamentales. No presionar para que hable o comparta más de lo que desea refuerza la seguridad y la confianza.
6. Mostrar empatía auténtica
Ponerse en el lugar del otro sin perder la calma es una muestra de madurez emocional. La empatía sincera ayuda a contener sin generar dependencia o culpa.
7. Promover la expresión libre de emociones
Permitir que la persona llore, exprese enojo o tristeza sin censura es parte del proceso de alivio emocional. La compañía amable y sin juicio puede ser el espacio que el otro necesita para empezar a sanar.
8. Mantener el contacto sin presionar.
Acompañar no termina en el primer encuentro. Un mensaje, una llamada o un simple “¿cómo estás hoy?” puede significar mucho. La constancia, sin invadir, refuerza el apoyo y la sensación de no estar solo.
Estas acciones, sencillas en apariencia, tienen un profundo impacto en el bienestar emocional. Loayza recuerda que “estas técnicas pueden marcar una diferencia respecto del bienestar de las personas que se encuentran en crisis”. Practicarlas es una forma de construir comunidades más empáticas y solidarias.
Saber acompañar no consiste en ofrecer soluciones, sino en ofrecer presencia. Escuchar, validar y respetar los tiempos del otro es una manera concreta de cuidar.
En palabras de Loayza, “hablar, ponerse en el lugar del otro y no juzgarlo puede ser suficiente para salvar una vida”. Aprender a hacerlo es, sin duda, un acto de humanidad.