Universidades del siglo XXI, ante el reto de innovar las carreras tradicionales

By Leny Chuquimia

La educación superior necesita replantearse qué enseña y para qué lo hace.

En Bolivia y la región, las universidades continúan ofreciendo las mismas carreras de siempre, mientras que a la par jóvenes y empleadores enfrentan un mercado laboral que exige nuevas competencias. La educación superior, dicen expertos, debe replantear no sólo qué enseña, sino para qué lo hace, si quiere responder a los retos del futuro.

“Hay que replantearse todo. Habrá carreras tradicionales que funcionen… pero quedarse solo con ellas no basta para innovar ni para cambiar. No se trata de eliminar lo tradicional, sino de usar lo que ya funciona y animarse a explorar lo desconocido”, afirma Mikel Etxaburu, docente y experto en educación de la Universidad de Mondragón.

Los datos del Censo de Población y Vivienda 2024, muestran que en Bolivia el acceso a la educación superior ha crecido de forma constante. Las cifras muestran que  el 34.2% de las mujeres alcanza la educación superior, frente al 32.5% de los hombres, marcando un hito en la igualdad de género educativa.

Sin embargo, el aumento en acceso no siempre se traduce en un mejor encaje entre formación y mercado laboral.

¿Más títulos, mejor trabajo? 

Uno de los desafíos más discutidos en la región —y también reflejado en Bolivia— es la brecha entre formación académica y empleabilidad real. Aunque en el país más personas acceden a la educación superior, esto no garantiza que sus estudios les aseguren un lugar en el mercado formal, algo que no solo está vinculado al tipo de carreras sino a la forma de enseñanza.

Un informe académico publicado en la revista de la Universidad de Cambridge señala que la reputación de la universidad influye significativamente en la probabilidad de ser contratado por empresas formales. Candidatos de instituciones bien valoradas son cerca de 40 % más propensos a recibir respuestas positivas de empleadores formales.

Pero no lo es todo. La simple formación tradicional —conocimientos técnicos y académicos cerrados— ya no es suficiente para navegar un mundo laboral en constante cambio. Más allá de saber, hay que saber ser, algo básico para las habilidades blandas.

“Durante mucho tiempo se trabajaron casi exclusivamente las competencias duras, pensando que con ellas se podía acceder automáticamente al mercado laboral. Sin embargo, cada vez más el mercado demanda competencias blandas: trabajo en equipo, asertividad, escucha y otras habilidades relacionales”, explica Etxaburu.

Prueba de lo dicho es que la educación superior en América Latina enfrenta una tensión entre la expansión cuantitativa y la calidad real de la formación, que muchas veces sigue enfocada en contenidos estáticos y no en competencias dinámicas. 

“Estas competencias serán aún más importantes en el futuro. ¿Por qué? Porque nuestra sociedad se está volviendo cada vez más individualizada, nuclearizada y autónoma . Necesitamos un antídoto frente a eso, y ese antídoto es la empatía, el compromiso, el trabajo en grupo y, por qué no decirlo, el amor”, afirma .

¿Cómo crear los profesionales del futuro?

La innovación no solo pasa por introducir nuevas carreras tecnológicas, sino por cuestionar la forma en que se construyen los perfiles profesionales. Etxaburu resume que  “lo tradicional sirve como punto de partida, pero el objetivo no es el punto de partida: el objetivo es el futuro.”

Ese futuro, donde lo técnico y lo humano deben fusionarse,  exige a las universidades repensar sus estrategias formativas. estas deben cuestionarse ¿cómo articular mejor lo técnico con lo humano?, ¿cómo asegurar que no solo se obtenga un título, sino capacidades reales? y ¿qué hacer para que la formación no solo responda al mercado actual, sino que prepare para trabajos que aún no existen?.

Son preguntas que no tienen respuestas simples pero que, planteadas de forma sincera, pueden marcar la diferencia entre una educación que reproduce el pasado y otra que crea futuro. La Universidad Franz Tamayo ya avanza en este camino.

Unifranz ha asumido la transformación educativa como un compromiso real y sostenido. Ha integrado la innovación pedagógica, el desarrollo de habilidades técnicas y humanas, y la incorporación estratégica de tecnología con un enfoque centrado en la persona. No solo responde a los cambios del entorno, sino que se anticipa a ellos, formando profesionales preparados para el futuro y comprometidos con la transformación social de Bolivia.

“Unifranz está actuando de un modo muy valiente. Está intentando visualizar cómo quiere ver a Bolivia en el futuro y está armando todo un sistema para conquistar ese futuro. Al fin y al cabo, el objetivo de la educación es la transformación personal y también la social. Unifranz busca formar personas, formar jóvenes y formar futuro para que Bolivia sea mejor”, sostiene el experto.

Las universidades, públicas y privadas, enfrentan una encrucijada entre seguir formando profesionales para el empleo del presente o transformarse para formar personas capaces de construir el mañana. La respuesta no está solo en nuevas carreras o metodologías, sino en una reconfiguración profunda de lo que entendemos por educación superior.

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