Solmáforo: el semáforo ambiental accesible que alerta sobre el daño

By Leny Chuquimia

Presentación del prototipo de Solmáforo en el Futures Week 2025.

La ciudad de La Paz, en Bolivia, convive a diario con una radiación solar más intensa que en otras regiones del mundo, con episodios variables que muchas veces pasan desapercibidos para sus habitantes. Sin embargo, pese a estas características, no existe un sistema que advierta de forma clara cuándo exponerse al sol deja de ser seguro, algo que se repite en muchas ciudades asentadas a más de 3.600 metros sobre el nivel del mar.

“No conocer el nivel de radiación que existe en el ambiente, especialmente en cuanto a la radiación solar a la que estamos expuestos en ciudades como La Paz. Una radiación muy alta es bastante perjudicial porque nos puede generar problemas de salud en la piel”, señala Maya Miranda Alvarado, estudiante de la Universidad Franz Tamayo (Unifranz).

Por ello, entre seis estudiantes de diferentes carreras diseñaron el Semáforo Urbano V5, conocido como Solmáforo. No regula vehículos, no da vía libre ni ordena cruces. Su función es otra, la de transformar riesgos invisibles en señales claras para la población. 

A través de un sistema de luces de colores, el artefacto traduce datos ambientales en información útil e inmediata, pensada para el peatón común, para la madre que lleva a su hijo al colegio, para el vendedor ambulante que pasa horas bajo el sol, para el adulto mayor que camina sin saber qué tan dañino está siendo el día.

El proyecto es uno de los seis desarrollados en el Workshop Fab Lab del Futures Week 2025, desarrollado en La Paz. El evento fue organizado por Unifranz, con el apoyo de The Millennium Project, la Red Iberoamericana de Prospectiva (RIBER) y 2030 Construyendo Futuros. Durante cuatro días, seis equipos multidisciplinarios desarrollaron soluciones digitales, bajo metodologías de diseño, prototipado y experimentación.

Cuando la ciencia se traduce en colores

Lejos de ser una ocurrencia sin sustento técnico, el sistema de colores del Solmáforo se basa en estándares internacionales establecidos por la Organización Mundial de la Salud y otras entidades especializadas en salud ambiental. Sombreros, lentes, bloqueador y sombra ya no son una sugerencia estética, sino medidas de salud esenciales. 

Desde hace años, la OMS promueve el uso del Índice Ultravioleta, una herramienta científica que mide la intensidad de la radiación solar que llega a la superficie terrestre y su potencial daño para la piel y los ojos. Este índice no es abstracto ni teórico, es una referencia concreta que permite estimar en cuánto tiempo una persona puede sufrir quemaduras, lesiones o daño ocular bajo el sol.

Según este sistema, cuando los valores de radiación son bajos, el riesgo es mínimo. A medida que aumentan, la exposición comienza a ser peligrosa incluso en períodos cortos de tiempo. Cada nivel está representado por un rango numérico y un color que va desde el verde hasta el violeta. 

El Solmáforo adopta este lenguaje científico y lo convierte en un mensaje accesible y tan intuitivo que no hace falta conocer cifras para comprender el peligro. 

“El verde cuando el ambiente es seguro, amarillo cuando se recomienda precaución, naranja cuando el tiempo bajo el sol debe ser limitado, rojo cuando la radiación es muy elevada y morado cuando la exposición representa un riesgo extremo para la salud. No hay necesidad de leer informes técnicos ni de consultar aplicaciones”, señala uno de los estudiantes. 

Una ciudad más cerca del sol, pero no de la información

Las ciudades de altura enfrentan una condición particular que no siempre es tomada en cuenta en políticas públicas: a mayor elevación, mayor radiación ultravioleta. En lugares como La Paz, el impacto del sol es más intenso debido a que la atmósfera es más delgada y filtra menos los rayos dañinos. 

Aun así, la vida urbana continúa como si el riesgo no existiera. Niños juegan bajo el sol del mediodía, trabajadores informales pasan jornadas completas al aire libre y turistas recorren la ciudad sin saber que están expuestos a niveles de radiación distintos a los de sus lugares de origen.

En ese contexto, la presencia de un dispositivo visible que informe sobre el estado ambiental del momento puede marcar una diferencia real. No se trata de alarmar, sino de advertir. No se trata de prohibir, sino de orientar. La función del Solmáforo es la de permitir que cada persona decida con información en la mano cuánto exponerse y cómo protegerse.

No presume de complejidad tecnológica o futurista, pero sí de buscar que el dispositivo sea una herramienta accesible. Funciona con luces LED de alta intensidad, visibles de día y de noche, y está diseñado para operar con energía solar, lo que lo convierte en un dispositivo autónomo, sostenible y de bajo mantenimiento. 

No necesita grandes obras ni infraestructura costosa. Puede instalarse en plazas, mercados, unidades educativas, paradas de transporte o avenidas concurridas. Su diseño es resistente, modular y adaptable a distintos espacios urbanos.

Esa simplicidad es, paradójicamente, su mayor fortaleza. En países donde el acceso a tecnología suele ser bajo por el costo, la importación y la dependencia externa, contar con una solución de bajo presupuesto y alto impacto es una oportunidad estratégica. El Solmáforo no es exclusivo ni sofisticado, su objetivo es que sea replicable.

Innovar no es inventar, es adaptar

Más allá de la alerta inmediata, este semáforo ambiental también educa. Cada encendido es una lección silenciosa sobre el entorno. Cada cambio de color genera una pregunta. Cada advertencia instala conciencia. En lugar de campañas esporádicas, la ciudad tendría una señal permanente de aprendizaje. 

El Semáforo Urbano V5 no pretende reinventar la tecnología, sino resignificarla. No compite con aplicaciones móviles ni con sistemas sofisticados de monitoreo, sino que traduce datos complejos en mensajes humanos. Su innovación no está en los componentes, sino en el enfoque: usar un lenguaje universal —el color— para comunicar riesgos invisibles y que esto sea accesible.

Dónde la innovación suele asociarse a dispositivos inalcanzables, patentes costosas o soluciones importadas, este tipo de iniciativas  propone una idea distinta: innovar también es democratizar el conocimiento, hacerlo visible, accesible, cotidiano.

Hoy, en La Paz, no existe un sistema de este tipo al alcance de la población. Y sin embargo, pocas ciudades lo necesitan tanto. El Solmáforo no resolverá por sí solo los problemas ambientales, pero sí puede cambiar la forma en que la ciudadanía se vincula con su entorno. Puede despertar preguntas, crear hábitos, evitar daños silenciosos.

Deixe um comentário

O seu endereço de e-mail não será publicado. Campos obrigatórios são marcados com *