Resistencia antimicrobiana: un problema global que exige acciones urgentes en Bolivia
La resistencia antimicrobiana es considerada actualmente una de las principales amenazas para la salud pública, de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS). Según estimaciones internacionales, este fenómeno está asociado a millones de muertes cada año y, de no tomarse medidas, podría incrementarse de manera sostenida en las próximas décadas.
“La resistencia antimicrobiana ocurre cuando bacterias, virus, hongos o parásitos evolucionan con el tiempo y dejan de responder a los medicamentos diseñados para eliminarlos. El caso más conocido es cuando los antibióticos dejan de ser efectivos frente a infecciones bacterianas comunes”, explica Carlos Javier Cuéllar, decano de la Facultad de Ciencias de la Salud en la Universidad Franz Tamayo, Unifranz.
Proyecciones científicas citadas por organismos internacionales advierten que, entre 2025 y 2050, la resistencia antimicrobiana podría estar vinculada a cerca de 39 millones de fallecimientos a nivel global. En este contexto, la OMS ha señalado que el uso inadecuado de antibióticos —incluida la automedicación— es uno de los principales factores que aceleran este problema, una situación que también se observa en países como Bolivia.
Esta situación implica que enfermedades que antes eran tratables pueden volverse más complejas de manejar. Asimismo, procedimientos médicos como cirugías, partos, trasplantes o la atención en terapia intensiva dependen de la eficacia de los antibióticos para prevenir y tratar infecciones.
“La Organización Mundial de la Salud considera la resistencia antimicrobiana una de las principales amenazas sanitarias del siglo XXI porque combina daño a la salud humana, alto costo económico y el riesgo de retroceder décadas en los avances médicos”, añade Cuéllar.
En Bolivia, si bien la información epidemiológica aún es limitada, diversos reportes de hospitales, laboratorios e investigaciones académicas evidencian un aumento de infecciones que presentan mayor dificultad para su tratamiento, especialmente en casos urinarios, respiratorios, intestinales y hospitalarios.
“En nuestro contexto, el problema se manifiesta con el uso frecuente de antibióticos sin receta, la interrupción temprana de tratamientos, la automedicación y la presión sobre el médico para recetar ‘algo fuerte’. Esto se traduce en pacientes que tardan más en recuperarse o requieren tratamientos más costosos”, advierte el especialista.
Uno de los factores más relevantes es la automedicación. El uso de antibióticos para tratar enfermedades de origen viral, como resfríos o gripe, continúa siendo una práctica frecuente, pese a que estos medicamentos no son efectivos en esos casos.
“La automedicación con antibióticos es peligrosa porque muchas personas los usan cuando no los necesitan o de forma incorrecta. Cada vez que se usa mal un antibiótico, se les da a las bacterias la oportunidad de aprender a defenderse, y eso convierte un problema individual en una amenaza para toda la comunidad”, enfatiza Cuéllar.
Las consecuencias del uso inadecuado de antibióticos pueden observarse tanto a corto como a largo plazo. En el corto plazo, los pacientes pueden experimentar falta de mejoría o complicaciones; a largo plazo, se incrementa la dificultad para tratar infecciones y la necesidad de emplear medicamentos más complejos.
“A largo plazo, esto implica el uso de medicamentos más costosos y tóxicos, mayor tiempo de hospitalización, saturación de los servicios de salud y un incremento del gasto tanto familiar como público. El uso indebido de antibióticos afecta al paciente de hoy y compromete la capacidad de curar al de mañana”, señala el decano.
Frente a este escenario, especialistas coinciden en la necesidad de fortalecer acciones desde el sistema de salud y la ciudadanía, como el control en la dispensación de antibióticos, la vigilancia epidemiológica y la educación sobre su uso adecuado.
Estos temas formarán parte del análisis en el V Congreso Internacional de Salud de Unifranz, que se realizará el 13 y 14 de mayo en Cochabamba. El evento abordará, además, el uso de tecnología en salud, el resurgimiento de enfermedades y la salud mental.
Con la participación de aliados como la Organización Mundial de la Salud (OMS), el Servicio Departamental de Salud (SEDES) de Cochabamba y redes académicas internacionales, el congreso se consolida como un espacio orientado a generar evidencia y promover el diálogo entre especialistas, autoridades y la sociedad en torno a los desafíos actuales del sistema sanitario.