Por qué el pensamiento computacional es clave en la educación del siglo XXI

By Manuel Joao Filomeno Nuñez

El pensamiento computacional (PC) se ha convertido en una competencia esencial para la educación contemporánea. Se trata de una forma de razonar que combina lógica, creatividad y la capacidad de estructurar procesos para resolver problemas de manera eficiente. 

Esta habilidad permite descomponer desafíos complejos en partes manejables, identificar patrones y diseñar soluciones mediante pasos ordenados. Aunque se asocia a la informática, su campo de aplicación es mucho más amplio: desde las matemáticas hasta el arte, pasando por las ciencias y la vida cotidiana. 

Su incorporación en la enseñanza es fundamental porque potencia el pensamiento crítico, fortalece la autonomía estudiantil y facilita la adaptación a contextos tecnológicos cambiantes.

“El pensamiento computacional permite al docente convertirse en un facilitador que orienta al estudiante en su propio proceso de aprendizaje, teniendo en cuenta sus intereses y utilizando esos intereses como base para planificar el proceso educativo”, afirma Ariel Villarroel, de la Jefatura de Enseñanza Aprendizaje (JEA) de la Universidad Franz Tamayo (Unifranz).

El PC se sostiene en cuatro ejes centrales: la descomposición de problemas, el reconocimiento de patrones, la abstracción de información relevante y el diseño de algoritmos. Estos componentes permiten que los estudiantes desarrollen la capacidad de enfrentar problemas reales dividiéndolos en partes simples, identificar similitudes con situaciones previas y crear soluciones reproducibles. La abstracción, por ejemplo, les enseña a distinguir lo esencial de lo accesorio; mientras que los algoritmos fomentan el pensamiento ordenado y la planificación estratégica.

La integración del PC en el aula se realiza mediante actividades que no necesariamente requieren computadoras. Juegos de secuencias, dinámicas grupales, retos colaborativos o la organización de un proyecto son prácticas efectivas para entrenar estas habilidades. 

Cuando se incorpora tecnología, lenguajes visuales como Scratch o entornos de simulación permiten llevar estos conceptos a experiencias más complejas, preparando a los estudiantes para una cultura digital cada vez más avanzada. 

Estas herramientas consolidan el papel del alumno como constructor activo de conocimiento, fortaleciendo su autonomía, su capacidad de autorregulación y sus habilidades socioemocionales.

 “Es un enfoque educativo que permite a los estudiantes vivir experiencias de aprendizaje activo e integrar diversas áreas de conocimiento para desarrollar competencias para la vida y conectarse con los desafíos del contexto local y global”, explica Clara Luisa Solórzano, miembro del JEA de Unifranz. 

En ese sentido, el PC se convierte en un puente metodológico que articula proyectos interdisciplinarios, promueve la alfabetización digital y fortalece la toma de decisiones basada en evidencia.

Para los docentes, integrar el pensamiento computacional supone un cambio de paradigma que implica pedagogías activas y el uso de tecnologías emergentes —como inteligencia artificial, realidad aumentada o plataformas virtuales— para diseñar experiencias de aprendizaje más significativas. 

La OCDE señala que estas herramientas no solo modernizan la enseñanza, sino que fomentan competencias como la resolución de problemas complejos y la colaboración, pilares fundamentales del PC. Al aplicar estas metodologías, los estudiantes aprenden a pensar de forma crítica, explorar datos, formular hipótesis y trabajar de manera interdisciplinaria.

Asimismo, los retos de aprendizaje se posicionan como una vía efectiva para aterrizar los principios del pensamiento computacional en situaciones concretas. Solórzano destaca que estos desafíos permiten vincular conceptos “duros” —como cálculo, estadística o programación— con problemas reales del entorno. En esos escenarios, los estudiantes aprenden a equivocarse, corregir, reconstruir y mejorar, lo que refuerza una mentalidad resiliente y abierta a la innovación.

Las universidades tienen un rol crucial en este proceso. Según Solórzano, deben promover currículas flexibles que motiven al estudiante a autogestionar sus aprendizajes, analizar datos, utilizar entornos virtuales de simulación y participar en proyectos con impacto social. Esto contribuye a que los futuros profesionales desarrollen competencias de ciudadanía global, pensamiento crítico y compromiso con los Objetivos de Desarrollo Sostenible.

En conclusión, integrar el pensamiento computacional en la enseñanza no es solo una respuesta a las demandas tecnológicas del presente, sino una estrategia para formar ciudadanos capaces de comprender, analizar y transformar su entorno. En esa línea, Unifranz incorpora el PC como parte fundamental de su modelo educativo innovador, combinando tecnología, metodologías activas y enfoque interdisciplinario para preparar a los estudiantes ante los retos del siglo XXI.

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