Innovación saludable: estudiantes de Unifranz desarrollan productos alimenticios alternativos
En las aulas de Unifranz emerge una generación de jóvenes emprendedores decididos a transformar la alimentación y la salud en Bolivia. Con creatividad, espíritu emprendedor y una formación interdisciplinaria, estudiantes de distintas carreras han desarrollado en el último año una serie de productos alimenticios alternativos — desde almíbares y mermeladas hasta yogures funcionales, bebidas vegetales y gomitas nutritivas — que buscan ofrecer opciones más saludables, responsables y con identidad local.
Por ejemplo, Perpiña es un almíbar de piña sin azúcar desarrollado por estudiantes de Ingeniería Comercial junto con Bioquímica y Farmacia. Utilizando pulpa natural de piña y descartando el azúcar refinada, Perpiña fue pensado para un público gourmet, preocupado por su consumo y abierto a nuevas experiencias: su aceptación le valió el reconocimiento en las V Jornadas de Investigación de Unifranz 2025.
“Queríamos lanzar al mercado un producto innovador, porque mientras el almíbar de durazno es ampliamente consumido, el de piña es poco reconocido. Vimos allí una oportunidad para diferenciarnos”, señala Kevin Arnold Mancilla Tambo, parte del equipo de desarrollo.
De la misma forma, el proyecto Peach-Ya — una “mermelada de durazno con chía y stevia orgánica” — combina sabor natural con valor nutricional. Proyectado por estudiantes de Ingeniería Comercial (Evely Alison Flores Pastenes, John Raúl Cortez Velasco, Inés Nadia Matta Choque y Brayan Guarachi Arcani y elaborado por estudiantes de Bioquímica y Farmacia, Peach-Ya busca ofrecer una alternativa funcional a la clásica mermelada industrial, dirigida a consumidores conscientes y familias interesadas en productos saludables.
“Nuestro objetivo es posicionar Peach-Ya en mercados locales y posteriormente expandirnos a nivel nacional”, afirma el estudiante John Raúl Cortez Velasco.
El uso de ingredientes propios del país y de la biodiversidad boliviana también está presente en Pik’ari, una mermelada de locoto con identidad local. Aprovechando el sabor picante y característico del locoto, el equipo — compuesto por estudiantes de Ingeniería Comercial — transformó un ingrediente tradicional en una propuesta gourmet, sostenible y con potencial comercial amplio.
“Queremos que Pik’ari sea visto como una alternativa moderna, una propuesta que une lo nuestro con lo contemporáneo”, afirma Jhamil Frederick Chávez Quiroz, miembro del equipo. La iniciativa incluso contempla canales sostenibles de abastecimiento (productores locales de locoto) y una estrategia de valorización de la tradición.
Pero la innovación no se detiene en confituras y mermeladas. Desde Bioquímica y Farmacia, un grupo de estudiantes desarrolló YoguFlex, un yogur enriquecido con colágeno extraído de subproductos animales (tarsos de pollo y pezuñas de vaca). Este yogur fue diseñado pensando en adultos mayores o personas con problemas articulares — ofreciendo una alternativa funcional y nutritiva para mejorar la salud ósea y la movilidad.
“Nos enfocamos bastante en las personas de la tercera edad, ya que estas son las que más sufren con este tipo de dolores articulares”, explica Belith Emily Villegas, integrante del equipo
En esa misma línea, las estudiantes de Bioquímica y Farmacia, Verania Rozales y Charlene Murillo, lanzaron Gummies Fishglow, gomitas enriquecidas con colágeno hidrolizado — obtenido de escamas de pescado, un subproducto que normalmente se desecha. Con un sabor frutal, colores naturales y un enfoque hacia la salud de la piel, cabello, huesos y articulaciones, este producto propone aprovechar recursos subutilizados y aportar bienestar. “Si una persona consume las Gummies Fishglow va a cambiar su vida porque fortalecerá sus huesos, cuidará su piel y sus articulaciones”, afirma Rozales.
Otro ejemplo de bebida alternativa es Green Essence, una leche vegetal a base de linaza. Este proyecto apunta a ofrecer una bebida natural, rica en omega-3, fibra y compuestos antioxidantes, pensada especialmente para personas con diabetes tipo 2 o quienes buscan opciones saludables y nutritivas. El equipo responsable destaca que la linaza puede contribuir a regular la glucosa sanguínea, mejorar el metabolismo y ofrecer una opción más sana frente a leches convencionales.
Innovación, emprendimiento y formación aplicada
Lo que une todos estos proyectos no es solo la creatividad: detrás hay un modelo educativo intencionado. La metodología de “proyectos integradores” de Unifranz converge con su filosofía de “aprender haciendo”, promoviendo un enfoque práctico, interdisciplinario y orientado al impacto real. Según declaraciones del decano académico Cristhian Uriona, estos proyectos obligan a los estudiantes a enfrentar problemas concretos, movilizar diversas habilidades — desde la formulación bioquímica hasta la estrategia comercial — y proponer soluciones con viabilidad social, ambiental y económica.
Además, la docente que orientó algunos de estos trabajos, Leticia Frida Quenta Marcani, destaca la importancia de la colaboración entre carreras: “Tuvieron que trabajar de manera transdisciplinaria con Bioquímica y Farmacia, levantando datos, validando con el mercado y ajustando el producto según las expectativas del consumidor. Eso les permitió vivir una experiencia real de cómo reacciona el mercado ante una innovación”.
Este enfoque formativo no solo consolida competencias técnicas en los estudiantes, sino que también los prepara como emprendedores conscientes, capaces de generar productos con valor agregado y con vocación de transformación social y cultural.
Enfrentando problemáticas reales con creatividad
Lo más destacable de estas iniciativas es que parten de problemas reales en la sociedad: exceso de consumo de azúcar, dietas poco saludables, subaprovechamiento de recursos, enfermedades crónicas, envejecimiento de la población, necesidad de opciones nutritivas, entre otros. Con ingenio, los estudiantes de Unifranz les ofrecen una respuesta tangible.
Ya no se trata solo de fórmulas en un laboratorio: hay mermeladas gourmet sin azúcar, yogures funcionales, bebidas vegetales nutritivas, gomitas de colágeno hechas a partir de residuos — todas con un enfoque consciente de salud, sostenibilidad y mercado. Y lo hacen desde Bolivia, con ingredientes locales, con identidad propia, promoviendo además la economía circular y el aprovechamiento de recursos naturales.
Estos proyectos demuestran que la universidad puede ser un semillero real de innovación: un espacio para que los jóvenes, con sus manos, conocimientos y ganas de cambiar, creen soluciones con impacto social — saludables para las personas, respetuosas del medio ambiente y con potencial empresarial.