Innovación, el motor de transformación social, educativa y económica

By Leny Chuquimia

Con el avance de la tecnología, el crecimiento de las ciudades y el cambio climático, las  necesidades de la sociedad cambian a diario. En este escenario, la innovación no solo es la puerta al futuro o al desarrollo económico, sino que ofrece respuestas creativas a problemas cotidianos, desde la salud hasta la educación, demostrando que innovar es evolucionar para no quedarse atrás.

“La innovación educativa para la sostenibilidad no es un lujo académico, algo que se hace además de lo que hacemos. Es una necesidad existencial. Nuestras graduadas y graduados tomaran las decisiones que determinarán el futuro del planeta en las siguientes décadas, si no los preparamos adecuadamente estamos fallándoles a ellos y las generaciones que vendrán detrás”, señaló el director del Instituto Internacional para la Educación Superior en América Latina y el Caribe (Unesco IESALC), Francesc Pedró, en el Foro Internacional de Innovación educativa (FIIE 2025), impulsado por Unifranz.

La innovación no consiste solo en crear nuevos productos o usar tecnología avanzada, implica aprender a pensar distinto, cuestionar lo establecido y encontrar soluciones donde antes solo había problemas. Por eso, colocar la innovación en el centro de la educación ya no es una tendencia, sino una urgencia. 

“Los estudiantes no solo deben comprender la teoría, sino también diseñar soluciones viables que puedan implementarse en un contexto real, lo que fortalece su aprendizaje y les brinda una visión más amplia de su futura profesión”, asegura Cristhian Uriona, decano académico de Unifranz.

Formar estudiantes capaces de adaptarse, crear y tomar decisiones críticas es tan importante como enseñar matemáticas o lenguaje, porque el futuro no pertenece a quienes memoricen más, sino a quienes sepan transformar lo que saben.

¿Qué es la innovación?

El concepto de Innovación -entendido como la introducción de novedades técnicas, organizativas o conceptuales en procesos, productos o formas de pensar- va más allá de un simple invento. No se trata únicamente de crear algo nuevo, sino de transformar lo existente, adaptarlo, mejorarlo o reinventarlo. 

Cuando la innovación se vuelve parte de la cultura de una institución, sea una empresa, un gobierno o una universidad, deja de ser un evento aislado para convertirse en un proceso continuo de mejora y adaptación. Esa cultura de la innovación, implica adoptar valores, métodos y estructuras que promuevan sistemáticamente la creatividad, el cuestionamiento y la experimentación. 

La innovación impulsa la productividad y la competitividad, tanto en empresas como a nivel nacional. Mejores procesos, productos más eficientes o servicios innovadores aumentan el valor agregado, posibilitando que economías y sociedades crezcan de forma sostenida. 

Eso se traduce en más empleos, mejor calidad de vida y mayor capacidad de respuesta ante retos sociales. 

Adaptación a cambios globales y locales

Por la constante transformación tecnológica, social y ambiental, mantener “lo de siempre” ya no basta. La innovación permite adaptarse, anticiparse, reinventarse, enfrentar desafíos nuevos o inesperados, y aprovechar oportunidades emergentes. 

A través de ideas nuevas o mejoradas se puede hacer más con menos: reducir costos, tiempos, desperdicios; incrementar la calidad u ofrecer soluciones más adecuadas a las necesidades reales. 

En el contexto educativo, especialmente en la educación superior, la innovación adquiere un papel aún más decisivo. Como parte de la metodología de Unifranz, innovar en educación significa cambiar la forma de enseñar, pasando de simplemente transmitir contenidos a fomentar pensamiento crítico, creatividad, colaboración y la solución de problemas reales. 

Esto ayuda a formar profesionales capaces de adaptarse, cuestionar, crear, emprender en lugar de sólo reproducir lo aprendido. Estimula una cultura de mejora continua, investigación y emprendimiento  Permite que la universidad se convierta en un laboratorio de ideas, innovación social, desarrollo tecnológico, investigación aplicada. 

Retos y barreras: no basta con desear innovar

Aunque los beneficios de innovar son claros, no siempre es fácil implementarlo. Algunas de las barreras o dificultades comunes están en la falta de recursos, falta de apertura al cambio y tolerancia al error, además de una desconexión entre academia, gobierno, empresa y sociedad.

Para superar estos retos es necesario no solo voluntad individual, sino políticas, inversión, colaboración multisectorial, y creación de espacios que incentiven la creatividad, la investigación y la experimentación.

La innovación no es un lujo, ni una opción secundaria, ya es una necesidad. La innovación -como motor de creatividad, eficiencia, sostenibilidad y desarrollo- se constituye en un pilar clave para el progreso.

Por eso, innovar no es simplemente “añadir tecnología” o “hacer cosas nuevas”; innovar es reinventar la forma de conocer, de aprender, de actuar —y, en última instancia, de transformar realidades.

Deixe um comentário

O seu endereço de e-mail não será publicado. Campos obrigatórios são marcados com *