Estudiantes de Unifranz crean envases de bioplástico como alternativa ecológica al plástico convencional

La contaminación por plásticos se ha convertido en una de las mayores amenazas ambientales de nuestro tiempo. Desde envases de un solo uso hasta microplásticos presentes en alimentos y agua, el mundo enfrenta una crisis que impacta ecosistemas y salud humana. Ante este panorama, surgen alternativas más sostenibles, como el bioplástico, un material capaz de degradarse en menor tiempo y con menor impacto, que se perfila como una opción más ecológica para reemplazar al plástico convencional.

“Nuestro proyecto está centrado en la elaboración de un bioplástico. Lo que buscamos con esto es crear una alternativa sostenible al plástico que sea capaz de degradarse en un menor tiempo y evitar más daño a la tierra”, explica Daniel Zapana, estudiante de Bioquímica y Farmacia en la Universidad Franz Tamayo, Unifranz.

El problema del plástico es global. Cada año se producen más de 460 millones de toneladas en el mundo, pero apenas un 9% se recicla. El resto termina en vertederos, es incinerado o contamina ríos, suelos y mares. Más de 8 millones de toneladas llegan a los océanos anualmente, afectando a miles de especies marinas e incluso llegando a la cadena alimentaria humana en forma de microplásticos.

Bolivia no está al margen de esta crisis. En el país, se desechan más de 140 mil toneladas de plásticos al año, y cada persona utiliza en promedio cientos de bolsas plásticas cuya vida útil puede ser de apenas 15 minutos, pero que pueden tardar miles de años en degradarse. Gran parte de estos residuos termina en botaderos a cielo abierto o en ríos y lagos, contribuyendo a la degradación ambiental y afectando la producción de alimentos.

En este contexto, un grupo de estudiantes de la carrera de Bioquímica y Farmacia de Unifranz decidió desarrollar un envase de bioplástico a partir de materias primas accesibles y biodegradables. El equipo está conformado por Tania Álvarez, Daniel Copa, Katia Gómez, Imanol Llusco, Mauricio Ríos, Natalia Zegarra, Daniel Zapana y Caren Quispe, quienes trabajaron en distintas fases de investigación y experimentación.

Los jóvenes buscaron materiales que fueran sostenibles y fáciles de conseguir. Según Bonifaz, la fórmula inicial incluyó triol mezclado con fécula de avena o cáscara de naranja, a los que se añadieron cera de abeja y glicerina para otorgar consistencia y resistencia. Posteriormente, moldearon los envases hasta obtener una textura sólida capaz de soportar productos sólidos, como jabones.

Lo innovador del proyecto es que el envase no solo cumple la función de contener productos, sino que también puede convertirse en un jabón exfoliante o disolverse sin dejar residuos contaminantes. 

“Nuestra primera motivación fue dejar de contaminar el medio ambiente. Además, este bioplástico no es costoso y puede ser utilizado como envase o incluso como un jabón exfoliante gracias a la avena, que tiene propiedades hidratantes”, señala Caren Quispe, integrante del equipo.

La investigación también enfrentó desafíos. Uno de los principales fue la elaboración de moldes adecuados, ya que en las primeras pruebas se improvisaron materiales que no lograban dar una forma uniforme. Con el tiempo, el grupo mejoró su técnica utilizando moldes de acetato. “Me siento muy contenta porque, pese a las dificultades, logramos un producto que además de ecológico es versátil y útil para el consumidor”, añade Quispe.

Innovación desde la universidad

El proyecto se enmarca en los Proyectos Integradores de Unifranz, una metodología que busca que los estudiantes enfrenten problemas reales con soluciones innovadoras y sostenibles. A través de esta estrategia, los futuros profesionales aplican los conocimientos adquiridos en el aula a iniciativas con impacto social y ambiental.

“En un mundo donde las tierras se cansan de tanta contaminación, necesitamos alternativas que no sólo reduzcan los desechos, sino que aporten valor agregado. Eso es lo que intentamos con este bioplástico”, reflexiona Zapana.

La propuesta del equipo no solo responde a una necesidad ambiental urgente, sino que también abre la puerta a posibles emprendimientos sostenibles en Bolivia. Con el nombre tentativo de Aura LabQuim, los estudiantes imaginan que su innovación pueda llegar al mercado como un producto práctico, económico y, sobre todo, respetuoso con el planeta.

Con iniciativas como esta, Unifranz fortalece su modelo educativo basado en la innovación y la conexión con la realidad. Los proyectos integradores promueven el trabajo en equipo, la investigación aplicada y la creatividad, al mismo tiempo que buscan soluciones que beneficien a la sociedad.

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