Epilepsia infantil, cómo reconocer las señales a tiempo y prevenir crisis futuras

By Aldo Juan Peralta Lemus

La epilepsia es un trastorno neurológico que afecta a muchas personas en todo el mundo y, aunque su diagnóstico puede darse a cualquier edad, en los niños puede resultar especialmente desafiante. En muchos casos, la epilepsia infantil se presenta con síntomas sutiles, lo que dificulta su identificación temprana. Reconocer las señales a tiempo es fundamental para que los pequeños reciban el tratamiento adecuado. Esto permite reducir el impacto de las crisis y mejorar su calidad de vida.

Álvaro Eyzaguirre, docente de la carrera de Medicina de la Universidad Franz Tamayo, Unifranz, sostiene que la epilepsia infantil no tiene una causa determinada; sin embargo, se atribuye a mutaciones de genes específicos que producen la enfermedad.

“La epilepsia es una enfermedad neurológica crónica que tiene diversas etiologías y clasificaciones en relación con su conducción. Existen epilepsias que normalmente calificamos como primarias, que son producto de mutaciones en los cromosomas siete y nueve, en las que hay actividad eléctrica cerebral anormal y que pertenecen a las epilepsias de la infancia”, explica Eyzaguirre.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), aproximadamente 50 millones de personas de diferentes edades padecen esta enfermedad en el mundo. Se estima que en Latinoamérica alrededor de cinco millones de personas viven con epilepsia.

¿Cómo saber si tu hijo tiene un ataque de epilepsia?

Las primeras señales de epilepsia infantil suelen ser difíciles de identificar debido a la diversidad de síntomas. Las crisis pueden variar desde convulsiones evidentes hasta comportamientos más sutiles, como episodios de desconexión o falta de atención. Un signo temprano puede ser que el niño parezca “perder el control” de su cuerpo o, por el contrario, no responda a estímulos durante breves momentos.

Sin embargo, los síntomas más comunes de epilepsia en niños incluyen:

Crisis convulsivas: movimientos bruscos e involuntarios del cuerpo, como sacudidas de los brazos o piernas.

Ausencias: episodios de «desconexión» en los que el niño se queda inmóvil y con la mirada perdida durante algunos segundos.

Pérdida de conciencia: desmayos o caídas repentinas sin causa aparente, que pueden estar relacionados con la epilepsia.

Movimientos repetitivos: chasquidos de labios, masticación sin alimento o frotarse las manos. También pueden presentarse episodios nocturnos con despertares confusos, sonambulismo o movimientos anormales durante el sueño.

Uno de los tipos más comunes de crisis es la convulsión generalizada, también conocida como gran mal. En este caso, el niño puede caer al suelo y experimentar movimientos musculares involuntarios acompañados de rigidez, seguidos de sacudidas. Sin embargo, existen otros tipos de crisis menos evidentes, como las crisis de ausencia, donde el niño se desconecta por breves momentos sin realizar movimientos notorios, y la crisis atónica, caracterizada por una caída brusca del tono muscular.

“La clasificación más sencilla es a través de las convulsiones, pero no todas las epilepsias cursan con convulsiones. Hay un tipo, que coloquialmente se llama crisis de ausencia, en el que la persona parece desmayarse, pero en realidad está sufriendo una crisis epiléptica por carencia de neurotransmisores. Esta puede presentarse en forma de regulación ‘a la alta’ o ‘a la baja’, siendo esta última la convulsiva. Dentro de los rangos convulsivos pueden ser: las convulsiones focales, en las que solo una extremidad tiembla; o las convulsiones generalizadas, en las que la persona pierde la conciencia y desarrolla las conocidas convulsiones tónico-clónicas”, explica Eyzaguirre.

Las convulsiones tónico-clónicas afectan todo el cuerpo y se caracterizan por la pérdida del conocimiento, acompañada de sacudidas. El académico explica que estos espasmos ocurren en dos fases que afectan a las personas y con mayor impacto a los niños. 

“En la fase tónica, hay rigidez de todo el cuerpo y la persona cae hacia atrás. Luego empieza la fase clónica, en la que hay movimientos espásticos de los músculos. Se denomina ‘clónica’ porque el movimiento muscular es exactamente igual al que le antecede y al que le sigue; es decir, son movimientos perfectamente medibles”, destaca el médico.

¿Cómo actuar ante una crisis epiléptica?

Ante una crisis, el médico de Unifranz recomienda tomar precauciones para proteger la integridad del paciente y evitar complicaciones.

“Lo primero es asegurar la cabeza. Durante la convulsión, habrá movimientos cíclicos y los músculos del cuello pueden provocar que la cabeza golpee repetidamente el suelo. Es fundamental proteger la masa encefálica. En segundo lugar, no es recomendable introducir objetos en la boca del paciente. Existe la creencia de que los pacientes en proceso convulsivo vomitan, pero esto es poco frecuente. Normalmente, no hay una relajación tan marcada de la vía digestiva, aunque sí puede haber relajación de los esfínteres, lo que puede provocar que la persona se orine”, explica el médico.

Una vez identificada la epilepsia en un niño, el siguiente paso es prevenir futuras crisis. Los tratamientos farmacológicos son la base para reducir las crisis, pero también existen medidas adicionales que pueden ser muy útiles.

Establecer una rutina diaria consistente, evitar situaciones de estrés o fatiga extrema y garantizar un buen descanso son prácticas clave para disminuir la frecuencia de las crisis.

El monitoreo continuo es igualmente importante. Muchos padres encuentran útil llevar un registro de las crisis, anotando la fecha, duración y tipo de episodio, lo que facilita la evaluación del tratamiento y la adaptación de las terapias.

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