El motor invisible de la economía circular en Bolivia: mujeres que convierten la basura en sustento
En Bolivia, las mujeres han comenzado una revolución silenciosa, ecológica y económica. Indígenas, jefas de hogar, adultas mayores, emprendedoras o líderes, convierten los residuos sólidos en una oportunidad para impulsar un nuevo modelo de producción, la economía circular.
“El rol de las mujeres emprendedoras es clave para la economía circular. Hablamos de mujeres empresarias y también de mujeres recolectoras. La mayoría de las pymes en Bolivia están siendo lideradas por mujeres y están mirando hacia la sostenibilidad”, señala Xiomara Zambrana, directora del Instituto de la Mujer & Empresa (IME), centro de pensamiento estratégico de la Universidad Franz Tamayo (Unifranz).
Según datos oficiales, Bolivia genera más de 1,6 millones de toneladas de residuos sólidos al año, de los cuales más del 22 % son técnicamente reciclables, como papel, cartón, plásticos, vidrios o metales. Aunque es un tema de prioridad, el sistema público aún carece de infraestructura eficaz para procesarlos en su totalidad.
Pero donde muchos ven un problema, hay mujeres que ven una oportunidad para usar estos desechos e insertarlos nuevamente a diferentes procesos de producción. Activan emprendimientos y sistemas informales o comunitarios de recolección y reciclaje que ayudan a mitigar la contaminación y a generar valor económico a partir de lo que otros desechan.
De acuerdo al proyecto R4S, en el país hay al menos 15.000 recicladores, de los cuales un 80 % son mujeres. Si bien las condiciones van mejorando y se ha logrado la conformación de asociaciones, persisten desafíos estructurales. La mayoría de las recicladoras trabajan en la informalidad, sin contrato, seguro ni beneficios sociales, y enfrentan riesgos de salud por la exposición a residuos sin protección adecuada.
Rosario Guarachi pasa de los 60 años, recoge botellas de plástico pet hace más de 10 años. Aunque su hija ya es adulta y genera ingresos ella aún mantiene su actividad para sus gastos. La materia prima que recolecta luego se convierte en materia textil. Es parte de un eslabón de la economía circular.
Un estudio del Programa Conjunto de las Naciones Unidas sobre mujeres trabajadoras por cuenta propia en el país, describe el perfil de las recicladoras como “de origen indígena, adultas y con educación primaria. Un 70 % de ellas, además participa en actividades vinculadas al comercio, mientras que un 16 % lo hace en la industria manufacturera”.
“Tenemos las asociaciones de recolectoras que hacen un trabajo muy digno pero muy complejo y que a lo mejor tienen una forma de ver distinta a este problema”, señala Zambrana.
Otro ejemplo de emprendimiento es el de Silveria Cutipa, una ingeniera química y emprendedora que revolucionó la gestión de residuos en La Paz a través de su empresa Suma Qhana. Su trabajo se basa en un modelo de economía circular que recolecta aceite de cocina usado para transformarlo en jabones y detergentes biodegradables, evitando así que este residuo altamente contaminante llegue a los ríos y fuentes de agua.
Además de su impacto ecológico, Cutipa destaca por integrar saberes ancestrales y plantas medicinales en sus fórmulas químicas, revalorizando la identidad cultural de la mujer de pollera. Su liderazgo ha sido clave para impulsar normativas ambientales locales y para demostrar que la ciencia y el emprendimiento verde son herramientas poderosas para el empoderamiento económico de las mujeres en Bolivia.
Y es que la economía circular propone que los residuos no sean el final del ciclo, sino el principio de nuevas oportunidades: reducir, reutilizar, reciclar, rediseñar, relocalizar y redistribuir los recursos. En Bolivia, las mujeres han tomado esta filosofía y la han convertido en una praxis diaria que genera ingresos sostenibles, cambia las percepciones sociales sobre la basura, protege el medioambiente y reduce la contaminación, y fortalece redes comunitarias y de apoyo mutuo.
Para el embajador de Alemania en Bolivia, José Schulz, esta labor poco valorada es muy importante, porque una mala gestión de residuos puede causar serios problemas a nivel ambiental, sanitario y hasta económico.
“Los residuos que no son gestionados apropiadamente generan impactos ambientales severos y afectan la salud. También producen pérdidas económicas. Se estima que hasta 2050 la mala gestión causará pérdidas de 600.000 millones de dólares, anualmente”, afirma.
Sostiene que asumir el desafío implica sensibilizar a la población para cambiar los hábitos de consumo, fomentar modelos de negocios circulares y aprovechar al máximo los materiales de los residuos generados con acciones como el reciclaje.
Detrás de cada botella de PET recuperada, de cada kilo de cartón separado, hay una historia de esfuerzo, resiliencia y dignidad en la que se transforman residuos en recursos, oportunidad y futuro.