Educación financiera: la llave para transformar la informalidad en desarrollo en Bolivia

La economía boliviana enfrenta uno de sus desafíos estructurales más persistentes: la alta informalidad laboral y empresarial. Este fenómeno no solo limita la recaudación fiscal, sino que también restringe el acceso de miles de trabajadores y emprendedores a créditos, seguridad social y oportunidades de crecimiento. En este contexto, especialistas señalan que la educación financiera puede convertirse en una herramienta clave para impulsar la formalización y fortalecer el desarrollo económico del país.

“Aproximadamente entre el 74 y el 76% de la población es informal, precisamente por la falta de empleo productivo”, explica Ronald Bedregal, economista y director de la carrera de Ingeniería Económica de la Universidad Franz Tamayo (Unifranz). 

El especialista advierte que este escenario también afecta la dinámica de inversión, haciendo más difícil para las empresas extranjeras confiar en los emprendimientos bolivianos que operan fuera de los márgenes de la ley o en áreas grises.

“Eso hace que las inversiones disminuyan indudablemente, la informalidad genera incertidumbre y reduce el atractivo del mercado para nuevos capitales”, acota.

Para Bedregal, el desafío no debe abordarse desde una lógica punitiva, sino desde políticas que generen oportunidades reales para quienes operan fuera del sistema formal. 

“Hay que apuntar precisamente a esa gente que está en el mercado informal para formalizarla, pero no desde el punto de vista punitivo, sino desde el punto de vista de alternativas de política pública que mejoren la calidad del empleo”, indica el economista.

En este escenario, la educación financiera aparece como un factor determinante. El desconocimiento sobre ahorro, crédito, impuestos o planificación económica hace que muchos trabajadores y pequeños empresarios perciban la formalización como un costo adicional, sin comprender los beneficios que puede ofrecerles en términos de acceso a financiamiento, estabilidad y crecimiento.

“La educación financiera debe venir desde la educación básica, desde la escuela, desde el colegio”, explica Bedregal. Según el especialista, incorporar estos contenidos desde edades tempranas permite que los estudiantes comprendan conceptos esenciales para la gestión económica. 

“Es ahí el momento donde nuestros profesores deben apuntar precisamente a brindar estos conocimientos: cómo se plantea un flujo, qué haces con tu mensualidad”, señala.

Este aprendizaje temprano puede tener efectos de largo plazo en la forma en que las personas gestionan sus recursos y desarrollan emprendimientos. De acuerdo con Bedregal, comprender la lógica financiera facilita la transición hacia la formalidad. 

“El estudiante va creciendo y va viendo que la parte financiera es sumamente importante para el manejo adecuado después de las finanzas en la empresa o en el emprendimiento que uno quiera generar”, afirma.

La educación financiera también puede fortalecer el tejido productivo del país. En Bolivia, las micro y pequeñas empresas representan más del 80% de las unidades productivas, pero muchas operan en la informalidad debido al desconocimiento de procesos contables, tributarios o administrativos. Capacitar a los emprendedores en estos ámbitos no solo mejora la gestión de sus negocios, sino que también reduce su vulnerabilidad frente a crisis económicas.

“El conocimiento especialmente hace que se formalicen los negocios, porque las personas van a conocer las condiciones, los reglamentos, las necesidades y los impuestos”, explica Bedregal. A su juicio, comprender cómo funciona el sistema económico permite a los emprendedores tomar decisiones más informadas y aprovechar las oportunidades que ofrece la formalidad.

En este proceso, la academia también juega un papel importante al generar análisis, formación y propuestas de política pública que contribuyan a reducir la informalidad. Según el economista, las universidades pueden aportar estudios, proyecciones y formación profesional orientada a comprender los desafíos del mercado laboral y productivo.

En un país donde la informalidad sigue siendo una de las principales barreras para el desarrollo, fortalecer la educación financiera podría marcar la diferencia. No se trata solo de enseñar a administrar dinero, sino de dotar a ciudadanos y emprendedores de herramientas que les permitan integrarse plenamente a la economía formal y construir un sistema productivo más sólido, inclusivo y sostenible.

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