Educación financiera en la escuela: la clave para un futuro económico más sólido

La educación financiera es mucho más que aprender a manejar dinero: es una herramienta que permite tomar decisiones acertadas, anticiparse a las crisis y aprovechar oportunidades. Cuando este conocimiento se imparte desde la infancia, se convierte en una ventaja que acompaña a las personas durante toda su vida, ayudándolas a planificar mejor sus ingresos, proteger su poder adquisitivo y evitar errores que comprometan su estabilidad económica.
“Una adecuada formación en finanzas personales les da a las personas la capacidad de interpretar el contexto económico general y herramientas para anticiparse a posibles crisis o aprovechar oportunidades de inversión”, explica Osvaldo Nina, economista y docente de la Universidad Franz Tamayo, Unifranz.
La enseñanza de conceptos financieros desde edades tempranas contribuye a formar ciudadanos responsables con sus recursos y conscientes del impacto que sus decisiones tienen en el futuro. Según Nina, la falta de este tipo de conocimientos no solo limita las posibilidades de progreso personal, sino que también deja a las personas más vulnerables frente a crisis económicas y oportunidades desaprovechadas. Una sociedad con bases sólidas en educación financiera es, en consecuencia, más resiliente y preparada para enfrentar los cambios de la economía global.
El economista señala que entender cómo funciona la inflación, la devaluación o la inversión ayuda a tomar mejores decisiones cotidianas. Por ejemplo, en lugar de guardar los ahorros en una moneda que pierde valor, una persona instruida en finanzas sabrá que es preferible invertir en activos que se mantengan estables en el tiempo. También podrá evitar caer en la especulación o dejarse llevar por rumores que suelen desatar pánicos injustificados en los mercados.
Además, Nina enfatiza la importancia de la diversificación como estrategia clave para proteger los ahorros. “Si tienes dinero ahorrado, lo recomendable es mantenerlo en dólares o invertir en bienes raíces, dependiendo del capital disponible”, aconseja. Se trata de decisiones que requieren conocimiento y análisis, no miedo ni improvisación.
En este sentido, la educación financiera no es un lujo, sino una necesidad. Permite a los jóvenes y adultos hacerse preguntas fundamentales: ¿cómo genero más ingresos?, ¿en qué debo invertir?, ¿cómo protejo lo que ya tengo? Al responderlas con criterio, se construyen mejores perspectivas de bienestar a largo plazo.
Los conceptos económicos que deben enseñarse desde la escuela
Para que la educación financiera sea efectiva, no basta con enseñar a ahorrar: es fundamental acercar a los estudiantes a conceptos básicos de la economía y las finanzas personales.
Nina resalta que es clave explicar desde temprano qué significa inflación, inversión, devaluación, especulación y recesión. Comprender estas nociones no solo ayuda a interpretar la realidad económica del país, sino también a tomar decisiones correctas en la vida diaria.
La inflación, por ejemplo, se refleja en el aumento sostenido de los precios, un fenómeno que afecta directamente el poder adquisitivo de las familias. El ahorro y la inversión son herramientas para contrarrestar ese impacto, ya que permiten mantener o incluso incrementar el valor de los recursos con el tiempo. A su vez, entender qué son los activos y los pasivos ayuda a distinguir qué genera riqueza y qué la reduce, mientras que el conocimiento de los ingresos activos y pasivos brinda una visión más amplia de las fuentes de dinero que puede manejar una persona.
Otro concepto central es la planificación financiera, que incluye elaborar presupuestos, organizar gastos y prepararse para metas de mediano y largo plazo. Estas prácticas, cuando se inculcan en la niñez, se transforman en hábitos saludables que acompañan a lo largo de la vida.
Beneficios individuales y sociales
Los beneficios de una educación financiera sólida se extienden más allá del ámbito personal. Quienes entienden de finanzas no solo logran estabilidad económica y evitan deudas innecesarias, sino que también contribuyen al crecimiento del país al tomar decisiones de consumo e inversión más responsables.
Según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), las personas con formación financiera tienden a ahorrar regularmente, administrar mejor sus deudas y participar activamente en el sistema financiero formal.
En Bolivia, por ejemplo, aunque el acceso a servicios financieros ha mejorado en los últimos años, todavía persisten desafíos. El conocimiento adecuado permitiría que más ciudadanos aprovechen de forma efectiva las oportunidades que ofrece el sistema, reduciendo la exclusión y fortaleciendo el desarrollo económico.
Nina sostiene que incorporar estos saberes en la escuela no es opcional, sino indispensable: “Enfrentar los desafíos económicos del futuro requiere preparación y planificación. La educación financiera es la herramienta clave para tomar mejores decisiones, asegurar la estabilidad económica y garantizar el bienestar de las generaciones venideras”.
De esta manera, educar en finanzas desde temprana edad no solo garantiza adultos más responsables con sus ingresos, sino también sociedades más estables, conscientes y preparadas para los retos del mañana.