Cultura, el motor invisible que impulsa la economía creativa en Bolivia

La cultura atraviesa todas las dimensiones de la vida humana: es identidad, memoria, expresión y también un motor económico que transforma realidades. En un mundo que busca modelos de desarrollo más inclusivos y sostenibles, su papel no puede seguir relegado al entretenimiento o a las artes elitistas. La cultura, en toda su amplitud, dinamiza la economía creativa y genera oportunidades que mejoran la calidad de vida.

“Se ha ido visibilizando que el ámbito cultural aporta a la mejora de las condiciones de vida, porque cuando hablamos de las culturas hablamos tanto de cómo la gente ve, percibe, vive y siente su realidad, y por ende es la base del resto de ámbitos económicos y del desarrollo”, explica el viceministro de Culturas y Folklore, Andrés Zaratti, invitado especial del III Foro Internacional de Economía Creativa, organizado por la Universidad Franz Tamayo, Unifranz.

En este encuentro académico, Zaratti compartió su experiencia en la gestión cultural y abrió el debate sobre la necesidad de repensar el lugar de la cultura dentro de las políticas públicas. El foro reunió a expertos, estudiantes y profesionales interesados en explorar las potencialidades de la economía creativa como estrategia de desarrollo en Bolivia y la región.

La visión de Zaratti parte de una premisa clara: la cultura no solo produce arte, sino también riqueza. “No es solamente producción de arte, sino es producción de riqueza económica, y eso también es uno de los elementos de la economía creativa. El problema es que el Estado las invisibiliza, no las mira, no las mide”, afirma, subrayando el reto de reconocer a las industrias culturales como agentes económicos de peso.

Ejemplos sobran. El Gran Poder, una de las manifestaciones culturales más grandes del país, moviliza más de 30 millones de dólares, según datos mencionados por el gestor. Sin embargo, su dimensión económica sigue siendo invisibilizada. Lo mismo ocurre con otras festividades, artesanías y expresiones artísticas que generan empleo, dinamizan el turismo y sostienen cadenas productivas vinculadas al diseño, la música, el cine o la gastronomía.

Para Zaratti, el gran desafío está en superar la visión reduccionista que aún predomina en la agenda pública. “Todavía hay una visión muy retrógrada y reduccionista de lo que es el ámbito cultural, porque lo ligan a lo recreativo o a las bellas artes, y no se lo ve en su potencial amplio, que lo tenemos en la realidad, pero lo invisibilizamos”.

Reconocer ese potencial significa incluir la cultura en las estrategias de desarrollo integral, tanto en salud como en educación o medio ambiente. La recuperación de la medicina tradicional, por ejemplo, es una muestra de cómo lo cultural contribuye a soluciones innovadoras y sostenibles. Lo mismo ocurre con las formas de organización territorial y la relación con el entorno natural.

En este sentido, el papel del Estado es clave. “Desde el Estado lo que se tiene que hacer es generar condiciones: infraestructura, normas, incentivos como fondos, para que desde la sociedad civil se siga creando, no solo desde los artistas, sino desde el ciudadano mismo”, enfatiza Zaratti. El impulso de políticas públicas que reconozcan el carácter productivo de la cultura es un paso indispensable para fortalecer la economía creativa.

El Foro se consolidó como un espacio para discutir propuestas y abrir caminos hacia esas políticas. Allí se puso en evidencia que la cultura, lejos de ser un gasto, es una inversión que produce empleo, innovación y cohesión social. La economía creativa, en este marco, aparece como una alternativa de desarrollo con identidad, sustentada en el talento y en la diversidad cultural del país.

“Si logramos entender que desde la cultura podemos aportar a nuevas estrategias de desarrollo económico como una alternativa distinta, vamos a tener la visión de generar políticas para impulsarla”, concluye Zaratti.

Con este enfoque, el III Foro de Economía Creativa de Unifranz no solo ofreció un espacio de reflexión, sino que también marcó un camino hacia el diseño de políticas públicas que reconozcan a la cultura como motor de cambio. Un camino en el que la creatividad y la identidad se convierten en capital productivo, y donde la cultura deja de ser un complemento para posicionarse como protagonista del desarrollo económico y social en Bolivia.

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