“Cholets”, la feria 16 de Julio y el teleférico impulsan el potencial turístico de El Alto
En su aniversario, El Alto no solo celebra su fundación como la ciudad más joven de Bolivia, sino que reafirma su identidad como un destino turístico emergente con sello propio. Dinámica, profundamente cultural y resiliente, la urbe alteña comienza a posicionarse como un laboratorio de innovación urbana y cultural capaz de atraer visitantes nacionales e internacionales en busca de experiencias auténticas.
Para Claudia Cadena, directora de la carrera de Administración de Hotelería y Turismo de la Universidad Franz Tamayo (Unifranz), el potencial turístico de El Alto radica precisamente en esa identidad singular. “La ciudad de El Alto es considerada como la ciudad más joven de Bolivia, es dinámica y profundamente cultural. Presenta oportunidades turísticas únicas, posee un alto potencial en turismo cultural y urbano, destacando la identidad aymara, sus festividades, la arquitectura y la parte comercial como la feria 16 de Julio”, afirma.
La identidad aymara, visible en la vestimenta, la gastronomía, la música y las prácticas comunitarias, constituye uno de los principales activos de la ciudad. A ello se suma una arquitectura que ha captado la atención internacional: los llamados “cholets”, edificaciones de colores intensos y diseños geométricos impulsadas por el arquitecto Freddy Mamani, que se han convertido en íconos del orgullo alteño y en un atractivo para el turismo arquitectónico y fotográfico.
Según Cadena, esta combinación de tradición y modernidad permite proyectar a El Alto como un destino con narrativa propia. “La ciudad puede consolidarse como un destino auténtico, creativo y con fuerte identidad propia, a partir de su fuerza cultural, su resiliencia histórica y su crecimiento urbano”, sostiene.
El aniversario de la ciudad, celebrado cada 6 de marzo, abre una oportunidad estratégica para transformar la efeméride en una plataforma de promoción sostenible. Para la académica, no se trata solo de organizar actos protocolares, sino de diseñar una agenda integral que articule a los distintos actores locales.
“El aniversario puede transformarse en una plataforma estratégica de promoción si se estructura una agenda turística organizada, articulando instituciones, emprendimientos y comunidad. Esto permitiría posicionar a El Alto como destino cultural, promoviendo un turismo responsable y sostenible a largo plazo”, explica.
En ese sentido, plantea la necesidad de un trabajo coordinado entre el gobierno municipal, universidades, operadores turísticos y organizaciones culturales. “Se debería articular gobierno municipal, universidades, operadores turísticos y organizaciones culturales, posicionando a El Alto como ciudad de innovación cultural y orgullo ancestral. Si se planifica con visión a largo plazo, el aniversario puede convertirse en una marca ciudad que impulse el desarrollo económico local”, enfatiza.
Tres circuitos destacan con mayor potencial de crecimiento. El primero es el circuito arquitectónico de los “cholets” y el legado de Freddy Mamani, que permite recorrer salones de eventos, galerías y espacios que combinan cosmovisión andina con diseño contemporáneo. El segundo es el sistema de teleféricos que conecta diferentes zonas de El Alto con La Paz, no solo como medio de transporte, sino como experiencia turística con vistas privilegiadas del altiplano y la Cordillera Real. El tercero es la emblemática feria 16 de Julio, considerada una de las más grandes de Sudamérica, donde convergen comercio popular, gastronomía, tecnología y prácticas culturales.
A estos circuitos se suman festividades tradicionales, danzas folklóricas y manifestaciones como las luchas de cholitas, que ofrecen experiencias culturales vivas y diferenciadas frente a destinos más convencionales.
El desafío, advierte Cadena, es apostar por un modelo de turismo sostenible que fortalezca la economía local sin desvirtuar la identidad comunitaria. La promoción de productos artesanales, textiles y gastronómicos puede impulsar la economía circular, mientras que la planificación urbana y ambiental debe acompañar el crecimiento de visitantes.
En su aniversario, El Alto tiene la oportunidad de redefinir su narrativa: pasar de ser vista únicamente como ciudad comercial y combativa a consolidarse como destino cultural emergente de Bolivia. Su altitud, su historia de lucha social, su arquitectura vibrante y su energía emprendedora conforman una propuesta turística distinta, auténtica y con potencial de expansión.
Convertir esa riqueza en estrategia dependerá de la articulación institucional y de una visión de largo plazo. Si logra hacerlo, El Alto no solo celebrará años de fundación, sino que marcará un nuevo capítulo como capital de innovación cultural y turismo urbano en el país.