Bad Bunny en el Super Bowl: el storytelling que convirtió el español en manifiesto global

By Manuel Joao Filomeno Nuñez

Bad Bunny fue el protagonista del show de medio tiempo del Super Bowl LX en el Levi’s Stadium de Santa Clara (California), en una presentación que marcó un nuevo capítulo en la historia del espectáculo deportivo más visto del planeta.

Lo que ocurrió aquella noche puede leerse más allá de la música y la puesta en escena. Desde la perspectiva del storytelling, el espectáculo funcionó como un relato cuidadosamente construido sobre identidad, pertenencia y posicionamiento cultural. Así lo explica Gloria Ardaya, docente y mentora académica en la carrera de Publicidad y Marketing en la Universidad Franz Tamayo (Unifranz) Online, quien analiza el show como una narrativa estratégica antes que como un simple concierto.

“Desde una perspectiva de storytelling, narrar íntegramente en español en un escenario históricamente angloparlante no es solo una decisión estética, sino un gesto narrativo de posicionamiento”, sostiene Ardaya. En su lectura, el idioma fue la primera declaración de principios del espectáculo: no se trató de adaptarse al centro cultural dominante, sino de invitar al mundo a entrar en un universo propio.

El Super Bowl, con audiencias que superan los 100 millones de espectadores, es un escenario simbólicamente asociado a la cultura estadounidense. La elección de un artista latino cantando mayoritariamente en español generó debate incluso antes de que comenzara el show. Esa tensión previa, lejos de debilitar la propuesta, fortaleció su estructura narrativa. En términos de relato, había conflicto. Y todo buen relato necesita uno.

“El idioma opera aquí como declaración de punto de vista: el narrador no se traduce para ser aceptado, sino que invita al mundo a entrar en su universo”, afirma Ardaya. En esta lógica, el español dejó de ser una herramienta de comunicación para convertirse en un dispositivo simbólico. No fue solo lengua: fue postura.

El storytelling del espectáculo se apoyó en una coherencia integral entre música, visuales, referencias culturales y energía escénica. No hubo fragmentación entre forma y fondo. “La autenticidad en narrativa contemporánea se percibe cuando hay coherencia entre el personaje, su mundo y su lenguaje”, explica Ardaya. “La puesta en escena en español reforzó esa coherencia: música, visuales, referencias culturales y lengua funcionaron como un ecosistema narrativo integrado”.

Ese “ecosistema” permitió que el relato trascendiera la comprensión literal de cada palabra. Para una audiencia global, la conexión no dependía exclusivamente del idioma, sino de la consistencia simbólica. “Para una audiencia global, la autenticidad no depende de la comprensión literal de cada palabra, sino de la consistencia simbólica del relato. Cuando el idioma se sostiene con convicción y se articula con imágenes y gestos culturalmente situados, el público percibe una identidad clara y una intención narrativa honesta”, sostiene la especialista.

En el centro de esta narrativa estuvo la construcción de identidad. El español no funcionó únicamente como vehículo musical, sino como configurador del mundo diegético del artista: su ritmo, su humor, su emocionalidad y sus códigos culturales. “El idioma es un marcador identitario profundo. La identidad se construye no solo por lo que se cuenta, sino por cómo se cuenta”, enfatiza Ardaya.

Desde esta perspectiva, traducir el repertorio habría significado diluir la textura del relato. En storytelling, la “voz autoral” es inseparable de su forma de expresión. “En storytelling hablamos de voz autoral: aquí, la voz es inseparable del idioma. Traducirla habría diluido la textura del relato”, señala.

La narrativa del show también puede leerse como un arco de transformación. Bad Bunny no apareció únicamente como intérprete, sino como personaje que llega al escenario más global con su identidad intacta. La historia implícita fue clara: lo local puede ocupar el centro sin dejar de ser local. El conflicto —las críticas sobre el uso del español, el debate sobre la representación cultural— formó parte del relato y alimentó su impacto.

Ardaya va más allá y sostiene que el idioma puede convertirse en un recurso estructural del storytelling contemporáneo. “El idioma es un recurso narrativo estructural: define la voz del narrador, el tono, el ritmo y la relación con la audiencia”, explica. En este caso, el español no fue solo el vehículo de las canciones, sino “un eje semiótico que organizó la experiencia completa”.

Cuando un artista decide no traducirse, transforma el lenguaje en estrategia narrativa. “Cuando un artista decide no traducirse, convierte al idioma en una estrategia de storytelling que habla de pertenencia, poder cultural y representación”, afirma Ardaya. En la era de las audiencias transnacionales, agrega, el idioma deja de ser barrera y se convierte en marca.

El resultado fue un espectáculo que operó como relato de afirmación cultural en el escenario más masivo del entretenimiento global. La polarización de las reacciones —celebración para unos, cuestionamiento para otros— no fue un efecto colateral, sino parte de la lógica narrativa: un relato que asume tensión para generar impacto.

Desde el análisis del storytelling, el show de medio tiempo del Super Bowl LX no fue solo una sucesión de canciones. Fue un acto de posicionamiento simbólico. Un narrador que decidió no traducirse. Una historia contada en su propia lengua frente al mundo. Y en esa decisión, el espectáculo encontró su mayor fuerza narrativa.

Deixe um comentário

O seu endereço de e-mail não será publicado. Campos obrigatórios são marcados com *