Jóvenes mejoran habilidades blandas con videojuegos

By Aldo Juan Peralta Lemus

Uno de los aspectos más destacados en la práctica de los videojuegos es la colaboración.

Durante años, los videojuegos fueron vistos únicamente como un pasatiempo o, incluso, como una distracción poco productiva. Sin embargo, en la última década, investigadores, educadores y psicólogos han comenzado a reconocer su potencial como una importante herramienta para el desarrollo de habilidades blandas: esas competencias sociales y emocionales cada vez más valoradas en los sectores académico y laboral.

Gabriel Choque, docente de la carrera de Ingeniería de Sistemas en la Universidad Franz Tamayo (Unifranz), destaca que el ámbito laboral actual valora no solo las competencias técnicas, sino también las habilidades blandas, como el trabajo en equipo, la resolución de problemas y la comunicación efectiva. En este sentido, señala que los videojuegos se convierten en una herramienta valiosa, porque estas capacidades son puestas a prueba de manera práctica y dinámica.

“Los videojuegos son un laboratorio social donde los estudiantes desarrollan habilidades blandas de manera natural. Favorecen la comunicación al interactuar en equipo, la empatía al asumir distintos roles, la resiliencia frente a la frustración y el liderazgo al tomar decisiones bajo presión”, sostiene el académico.

Las habilidades blandas —como el trabajo en equipo, la comunicación efectiva, la empatía, la creatividad, la resiliencia o la capacidad de resolver problemas— son fundamentales en un entorno profesional cada vez más interconectado y cambiante. Y los videojuegos, lejos de ser solo entretenimiento, crean entornos dinámicos donde los jugadores deben tomar decisiones, colaborar y adaptarse a desafíos constantes, replicando situaciones muy similares a las de la vida real.

La Universidad de Glasgow (Escocia) realizó un estudio donde encontró que los videojuegos pueden desarrollar habilidades de comunicación, adaptabilidad y pensamiento crítico en los estudiantes universitarios. Los videojuegos complejos requieren que los jugadores aborden problemas difíciles, gestionen recursos y tomen decisiones rápidas, lo que estimula regiones cerebrales asociadas con el análisis, la planificación y la resolución de problemas.

Por su parte, la American Psychological Association (APA) publicó un metaanálisis donde identificó que los videojuegos fomentan la resolución de problemas, el liderazgo y la colaboración. Además, encontró que los juegos de rol y estrategia mejoran la creatividad y la toma de decisiones.

“Los videojuegos colaborativos y de estrategia son los que más potencian habilidades blandas. Los juegos en línea, donde se necesita coordinación y planificación, fortalecen el trabajo en equipo y la comunicación. Los de rol ayudan a practicar la empatía y la negociación. Incluso los juegos de simulación permiten entrenar la toma de decisiones y el manejo de conflictos en contextos cercanos a la vida real”, sostiene Choque.

Uno de los aspectos más destacados en la práctica de los videojuegos es la colaboración. Como explica el académico, los juegos multijugador en línea, los de rol o estrategia requieren que los participantes trabajen en conjunto, organicen roles, diseñen planes y ajusten estrategias en tiempo real. Esta dinámica fortalece el liderazgo, la negociación y la comunicación asertiva.

A su vez, el fracaso dentro del juego —como perder una partida o no cumplir una misión— fomenta la resiliencia, ya que los jugadores aprenden a intentarlo de nuevo, identificar errores y mejorar su desempeño.

En términos de creatividad y pensamiento crítico, títulos que permiten construir mundos, resolver acertijos o enfrentar escenarios abiertos promueven la innovación y el análisis estratégico. La necesidad de evaluar riesgos, administrar recursos y encontrar soluciones originales a problemas complejos se traduce en una práctica constante de habilidades cognitivas transferibles a la vida cotidiana.

“Lo importante es entender que los videojuegos no reemplazan la educación tradicional, sino que la enriquecen. Bien utilizados, son una herramienta poderosa para preparar a los estudiantes en habilidades que los libros por sí solos no desarrollan”, explica el académico.

El impacto positivo también se ha visto en el ámbito educativo. Instituciones alrededor del mundo incorporan videojuegos serios y simulaciones para desarrollar la empatía y la toma de decisiones éticas en jóvenes y estudiantes universitarios. Un ejemplo son los juegos diseñados para ponerse en el lugar de comunidades vulnerables, donde el jugador debe elegir entre opciones difíciles, comprendiendo mejor la complejidad social y emocional de determinadas realidades.

Por otro lado, el Día Mundial del Videojuego o Día del Gamer, se celebra cada 29 de agosto. Surgió en 2008 por iniciativa de revistas especializadas que buscaban reconocer la relevancia cultural y social de esta industria. A la fecha, los videojuegos han dejado de ser solo un pasatiempo juvenil para consolidarse como una de las formas de entretenimiento más influyentes, con impacto en la educación, la economía, la innovación tecnológica y el desarrollo de habilidades blandas.

Su importancia radica en visibilizar a los videojuegos no solo como motor económico global, sino también como herramienta que conecta generaciones, impulsa la creatividad y fomenta nuevas formas de aprendizaje y socialización. “En la universidad, su valor está en que transforman el aprendizaje en una experiencia práctica, motivadora y conectada con los retos reales del mundo laboral”, concluye Choque.

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