El ingreso a la universidad es un hito clave en la vida de los jóvenes, marcando un cambio en su desarrollo personal y académico. Esta transición no solo implica un aumento en la exigencia educativa, sino también ajustes emocionales, sociales y de independencia que pueden determinar su éxito o fracaso. Aunque emocionante, conlleva desafíos como adaptarse a un ritmo académico más riguroso, asumir mayores responsabilidades y enfrentar nuevas dinámicas sociales.
Débora Herrera, docente de la carrera de Psicología de la Universidad Franz Tamayo, Unifranz, reconoce que, a diferencia del colegio donde los horarios son fijos, los uniformes obligatorios y las reglas estrictas, en la universidad los estudiantes deben aprender a gestionar su propio tiempo y asumir responsabilidades de manera independiente.
“En el ámbito académico, entran en una dinámica autónoma, independiente y fuera del círculo de confort que tenían en el colegio. En esta nueva etapa su rendimiento académico debe alcanzar el nivel universitario; lastimosamente, la mayoría de las unidades educativas del sistema regular no alcanzan a llegar a una especificidad y precisión de contenidos de acuerdo a lo que se espera en materias como matemática, lenguaje y ciencias naturales y sociales”, indica.
Para Leslie Vidaurre Flores, de la jefatura de Enseñanza Aprendizaje (JEA) de Unifranz, la universidad suele ser un momento en el que los estudiantes deben asumir una mayor responsabilidad personal, gestionar su tiempo, organizar sus estudios, la vida social y otros aspectos de su vida cotidiana.
“La presión familiar, social y el estilo de vida puede aumentar la ansiedad durante la transición a la universidad, que se constituye en un paso importante hacia el futuro profesional de una persona. El miedo al fracaso académico o a no estar a la altura de las expectativas puede generar una gran ansiedad en los estudiantes”, dice la académica.
Además, el entorno social también se transforma. Nuevas amistades, relaciones sentimentales y la interacción con docentes desconocidos generan inseguridad en los primeros meses.
«Los docentes se convierten en nuevos veedores, validadores, mentores y guías. Ellos evaluarán desde el primer día a los estudiantes nuevos, generando incertidumbre», explica por su parte Herrera.
Expectativas y presión: impacto en el rendimiento académico
El rendimiento académico puede verse afectado por la presión externa. «El estudiante de nuevo ingreso a la universidad se ve afectado por las expectativas de su entorno más cercano, es decir sus padres, hermanos y familia», explica Herrera.
El miedo al fracaso, la baja tolerancia a la frustración y el pesimismo son comunes cuando los jóvenes sienten que son observados y evaluados constantemente.
“Sin embargo, un círculo social de apoyo puede marcar la diferencia. Un entorno positivo, con amigos, docentes y familiares que brinden soporte emocional, maximizará los logros del estudiante en su primer año», resalta la profesional psicóloga.
Apoyo y motivación en la nueva etapa
En esta transición, según Herrera, el respaldo familiar y social es fundamental. El rol de los padres y amigos en esta etapa es producir la confianza suficiente en el estudiante de nuevo ingreso. La confianza y motivación que los jóvenes reciben de sus seres queridos pueden influir en su decisión de continuar o abandonar la carrera.
La universidad es una elección personal y un reto individual, lo que hace que el soporte emocional sea aún más relevante.
«La transición de la vida escolar a la universitaria debería tener cierta preparación no solo académica, sino también emocional y con sentido de proyecto de vida», enfatiza Herrera.
Acompañamiento durante los primeros meses
Para facilitar esta transición, es fundamental que los estudiantes tengan espacios donde puedan expresar sus miedos y dudas sin temor.
«El estudiante de nuevo ingreso debería tener antes y durante los primeros meses la posibilidad de expresar con total naturalidad sus miedos y dudas», afirma la profesional psicóloga.
Un acompañamiento integral y un entorno de apoyo pueden marcar la diferencia entre una experiencia universitaria satisfactoria o una etapa llena de ansiedad y frustración.
“Un círculo social cercano positivo de apoyo emocional de amigos, de pareja y, en muchos casos, de docentes, que maximice sus logros en su primer año universitario tendrá repercusiones positivas en el desarrollo de su rendimiento académico”, puntualiza.
Cinco consejos para una transición exitosa
Vidaurre menciona cinco consejos para una transición exitosa de los jóvenes a la educación superior:
Establece metas claras: antes de comenzar tus estudios universitarios, tómate el tiempo para reflexionar sobre tus metas académicas y profesionales. Establece objetivos claros y trabaja hacia ellos de manera constante.
Desarrolla habilidades de gestión del tiempo: la universidad puede ser exigente en términos de carga de trabajo y responsabilidades. Aprende a administrar tu tiempo de manera efectiva para cumplir con tus compromisos académicos y personales.
Pide ayuda cuando lo necesites: las universidades ofrecen una variedad de recursos de apoyo, como tutoría, asesoramiento estudiantil y programas de mentoría. No dudes en buscar ayuda si enfrentas dificultades académicas o personales.
Participa en actividades extracurriculares: la universidad no se trata solo de estudiar; también es importante participar en actividades extracurriculares que te interesen. Estas actividades pueden ayudarte a reducir el estrés y conocer a nuevas personas.
Mantén el equilibrio entre el trabajo y la vida personal: dedica tiempo a actividades que te ayuden a relajarte y descansar, como pasar tiempo con amigos y familiares, hacer ejercicio o practicar hobbies. Mantener un equilibrio saludable entre el trabajo y la vida personal es fundamental para tu bienestar emocional y académico.