El aprendizaje continuo impulsa el desarrollo humano y profesional
Más allá de una tendencia educativa, hoy representa una necesidad para quienes buscan mantenerse vigentes, adaptarse a los desafíos del entorno y crecer de manera integral. Desde esta perspectiva, el aprendizaje continuo, también conocido como lifelong learning o aprendizaje permanente, adquiere un valor estratégico cuando se centra en la persona y en sus procesos individuales de crecimiento.
Ariel Villarroel, experto en educación, docente y responsable de la Jefatura de Enseñanza y Aprendizaje (JEA) de la Universidad Franz Tamayo (Unifranz) sostiene que este enfoque rompe con la idea tradicional de que aprender es una etapa limitada a la niñez o a la vida universitaria.
“Incorporar el aprendizaje continuo en tu vida, te permitirá evolucionar en el ámbito profesional y personal, y te ayudará a estar siempre preparado para los desafíos del futuro”, explica Ariel Villarroel.
El aprendizaje continuo o lifelong learning (aprendizaje permanente) es el proceso de adquisición constante de conocimientos, habilidades y competencias a lo largo de la vida, y en la actualidad es una capacidad requerida en las sociedades modernas.
Según Villarroel, “en lugar de limitarse a la educación formal, como en la escuela o la universidad, este tipo de aprendizaje ocurre en diversos entornos, incluyendo el lugar de trabajo, cursos en línea, lectura independiente, y la experiencia práctica”. De esta manera, el aprendizaje se convierte en un proceso dinámico, flexible y permanente, donde cada persona asume un rol activo en su formación y desarrollo.
La relevancia del aprendizaje continuo se acentúa en el contexto actual, donde el conocimiento se renueva de forma constante. Las innovaciones tecnológicas, la automatización y las transformaciones del mercado laboral exigen profesionales capaces de actualizarse de manera permanente. Ya no basta con un título académico; es imprescindible desarrollar nuevas competencias a lo largo de toda la vida para responder a las exigencias del entorno.
En esta línea, Luz Vanzulli, directora ejecutiva LATAM Sur de la Vicerrectoría de Educación Continua del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey, afirma que “nunca dejamos de aprender”. Esta reflexión refuerza la idea de que el aprendizaje continuo no es una opción, sino una estrategia fundamental para garantizar la competitividad, la empleabilidad y la relevancia profesional en un entorno cambiante.
Asimismo, la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) respalda este enfoque al señalar, en su declaración sobre la educación y el aprendizaje a lo largo de toda la vida, que “el aprendizaje no debe limitarse a un momento específico de la vida de una persona, sino que debe ser una experiencia continua”.
Este planteamiento reconoce que aprender es un proceso que acompaña a las personas en todas las etapas de su vida y que impacta tanto en el ámbito profesional como en el personal.
Desde una mirada centrada en la persona, el aprendizaje continuo permite desarrollar no solo habilidades técnicas, sino también capacidades humanas como la resiliencia, la creatividad y la adaptación al cambio.
Es un enfoque donde el individuo toma el control de su formación a lo largo de toda la vida, enfocándose en lo que es significativo y aplicable para su desarrollo personal y profesional, más allá de la educación formal, integrando conocimientos de diversas fuentes (libros, podcasts, colegas) para adaptarse a los cambios y crecer de forma autónoma, promoviendo la autoconciencia y la mejora constante.
El especialista identifica cinco beneficios clave de seguir aprendiendo de forma constante. El primero es la adaptación al cambio, ya que vivimos en un entorno en constante evolución. El segundo es el desarrollo profesional y la empleabilidad, porque adquirir nuevas habilidades brinda una ventaja competitiva.
El tercero es el desarrollo personal, al ampliar perspectivas y fortalecer habilidades blandas. El cuarto beneficio es la creatividad e innovación, fundamentales para generar soluciones en contextos complejos. Finalmente, la satisfacción y la motivación, ya que aprender genera bienestar, autoestima y sentido de logro.
Además, el aprendizaje continuo también interpela a las organizaciones y a sus líderes, quienes deben promover esta cultura y dar el ejemplo, renovando constantemente sus conocimientos. Cuando el aprendizaje se asume como un proceso de toda la vida y centrado en la persona, no solo se potencia el talento individual, sino que también se construyen sociedades más preparadas, creativas y resilientes frente a los desafíos del futuro.