Cero discriminación, un objetivo alcanzable con compromiso colectivo

By Paula Beatriz Cahuasa

Aunque la equidad es un ideal constante, la discriminación sigue siendo una barrera que frena el desarrollo social, la inclusión y el respeto a los derechos humanos. En Bolivia, pese a los avances normativos e institucionales, el problema persiste, lo que evidencia la urgencia de un cambio cultural y educativo profundo.

Como señala Ronald Durán Pomar, docente de la carrera de Derecho de la Universidad Franz Tamayo, Unifranz, “la lucha contra la discriminación es una tarea colectiva, que necesariamente debe involucrar a las instituciones del Estado, así como a la sociedad civil”.

Este 1 de marzo, el mundo celebra el Día de la Cero Discriminación bajo la consigna de que todos tenemos derecho a vivir una vida plena y productiva, y a vivirla con dignidad. Esta fecha, establecida por la Asamblea General de las Naciones Unidas (ONU), pone de relieve cómo las personas pueden informarse y promover la inclusión, la compasión, la paz y, sobre todo, un movimiento para el cambio.  

Raíces de la discriminación: más allá de las leyes

Bolivia cuenta con la Ley No. 045 contra el Racismo y Toda Forma de Discriminación, un marco jurídico importante para sancionar estos actos. Sin embargo, la legislación por sí sola no es suficiente. 

Para Durán Pomar, la educación es el eje fundamental para combatir esta problemática ya que, pese a que transitamos la tercera década del siglo XXI, todavía se percibe “una educación deficiente en derechos humanos, factor que en la actualidad es determinante para la consecución de resultados evidenciables al respecto”.

La falta de formación en derechos humanos y valores de respeto e inclusión genera un entorno donde persisten prejuicios y estereotipos que afectan principalmente a los grupos vulnerables, entre ellos, mujeres, personas con discapacidad y pueblos indígenas.

Impacto de la discriminación en la sociedad

La discriminación no solo vulnera la dignidad individual, sino que también obstaculiza el desarrollo colectivo. 

“La discriminación vulnera la dignidad humana, impide el acceso equitativo a derechos y genera exclusión. En la sociedad, perpetúa desigualdades, frena el desarrollo y crea conflictos”, destaca Durán.

Los efectos negativos son evidentes y van desde exclusión laboral, dificultades en el acceso a la educación, limitaciones en servicios de salud, hasta una división social que impide la cohesión y el progreso. En este contexto, la discriminación no solo es un problema individual, sino una situación que afecta el crecimiento económico y el bienestar de toda una nación.

El desafío es colectivo

Alcanzar la ‘cero discriminación’ es un objetivo que requiere un esfuerzo conjunto entre el Estado, la sociedad civil y el sector privado. 

Para el docente de Unifranz, la clave está en fortalecer la educación y promover una cultura de respeto, “porque la discriminación atenta contra la igualdad y la justicia social. Garantizar el respeto a los derechos humanos fortalece la democracia, promueve la cohesión social y permite un desarrollo sostenible basado en la equidad”.

Para el jurista, el factor más relevante en esta lucha es la promoción de los derechos humanos. “Se puede avanzar significativamente, aunque el Estado boliviano tiene interesantes progresos normativos e institucionales, es evidente que un factor esencial es la promoción de los Derechos Humanos sin discriminación”.

El rol del Estado y la sociedad

Para erradicar la discriminación, es fundamental la acción de las instituciones estatales y la participación activa de la ciudadanía. El Estado tiene la responsabilidad de garantizar el cumplimiento de los derechos humanos y promover políticas de inclusión.

Como indica Durán, la Constitución Política del Estado establece en su artículo 13 que los derechos reconocidos son “inviolables, universales, interdependientes, indivisibles y progresivos. El Estado tiene el deber de promoverlos, protegerlos y respetarlos”.

Sin embargo, las leyes deben ir acompañadas de acciones concretas en diferentes ámbitos, desde la educación hasta el acceso a oportunidades igualitarias en el mercado laboral y los servicios públicos.

Finalmente, el desafío de erradicar la discriminación requiere un cambio de mentalidad y un compromiso ciudadano. Como subraya el abogado Durán, “no es suficiente con leyes, se requiere un cambio de mentalidad y un compromiso ciudadano para erradicar prejuicios y construir una sociedad que permita el desarrollo de los Derechos Humanos”.

La educación en valores de respeto, diversidad e igualdad es la base para construir una sociedad más justa. La lucha contra la discriminación no debe ser vista como una tarea exclusiva del Estado, sino como una responsabilidad compartida por todos.

“El reto está en nuestras manos. Solo con un esfuerzo colectivo podremos construir un futuro donde la igualdad y el respeto sean los pilares fundamentales del desarrollo social”, concluye el jurista y docente universitario.

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