Enfermería, la profesión que sostiene a los pacientes cuando todo parece derrumbarse
Por Ricardo Espinoza
Patricia iba a ser mamá por primera vez y llegó al hospital con nervios y ansiedad. Cuando la pequeña Sofía nació, la felicidad era inmensa, pero las dudas también. Patricia no sabía amamantar a su bebita y su maestra fue la enfermera. Con amor y paciencia le enseñó cómo sujetar a la niña y cómo estimular la bajada de la leche. En una sala de hospital, el tiempo no siempre se mide en horas. A veces se mide en miradas, en silencios compartidos, en una mano que sostiene a otra cuando el miedo aparece. Allí, donde la fragilidad humana se hace más evidente, la presencia de una enfermera o un enfermero puede marcar la diferencia.
La Enfermería es una de esas profesiones que se viven más de lo que se explican. Requiere conocimientos científicos, precisión técnica y una formación rigurosa, pero, sobre todo, exige sensibilidad.
Para Milena Arroyo, directora de la carrera de Enfermería en Unifranz, “cuidar a una persona en sus momentos de mayor vulnerabilidad implica sensibilidad, humanidad y una vocación auténtica. Acompañar el inicio de una vida o estar presente en su despedida deja huellas profundas en quien ejerce esta profesión”, afirma.
La Organización Mundial de la Salud reconoce a la Enfermería como un pilar fundamental de los sistemas de salud. A nivel global, millones de profesionales sostienen la atención sanitaria cotidiana, desde la prevención hasta los cuidados paliativos. Detrás de cada cifra hay historias humanas que reflejan la verdadera dimensión de esta vocación.
Sin embargo, ese compromiso no se limita al conocimiento clínico. La Enfermería exige fortaleza emocional para afrontar jornadas extensas, decisiones difíciles y una carga humana constante. También demanda respeto por el dolor ajeno y la capacidad de actuar con ética incluso en contextos de alta presión.
Cuidar a otros también implica cuidarse
Arroyo subraya que la vocación de servicio debe ir acompañada de una mirada responsable hacia el autocuidado. Reconocer límites, pedir apoyo y atender la propia salud emocional no debilita la profesión; por el contrario, la fortalece.
“Para cuidar bien a los demás, primero debemos cuidarnos. Solo así es posible sostener una atención empática y de calidad en el tiempo”, señala.
A lo largo de su trayectoria, Arroyo ha acompañado a pacientes en distintas etapas de la enfermedad, especialmente en contextos oncológicos. Recuerda su trabajo en hospitales y domicilios, brindando cuidados paliativos junto a equipos comprometidos.
“Poder aliviar el dolor, ofrecer contención y contribuir a una despedida digna, rodeada de la familia, es una de las experiencias más humanas que puede vivir un profesional de Enfermería”, relata.
Formar para cuidar mejor
Los desafíos actuales de la Enfermería también pasan por la incorporación de tecnología y nuevos enfoques de atención. El uso de equipos modernos y herramientas digitales permite optimizar procesos clínicos y dedicar más tiempo al acompañamiento directo del paciente.
En Unifranz El Alto, la formación en Enfermería integra estos desafíos a través de una preparación práctica, con acceso a infraestructura especializada, laboratorios equipados con variedad de simuladores y tecnología aplicada a la salud.
Este entorno permite que los estudiantes desarrollen competencias técnicas y científicas, sin perder de vista el componente humano de la profesión. “La formación debe preparar profesionales íntegros, con conocimientos sólidos, pero también con empatía, ética y responsabilidad social”, destaca Arroyo.
La Enfermería es una profesión que muchas veces trabaja en silencio, pero cuyo impacto es profundo y duradero. En cada gesto de cuidado, en cada palabra de aliento, se construyen historias que transforman vidas.