Tecnología un aliado para transformar las ciudades latinoamericanas
Por Leny Chuquimia
A la par que se agravan viejos desafíos urbanos, las ciudades latinoamericanas ven como nacen nuevas posibilidades para transformar la vida diaria mediante tecnologías que antes parecían lejanas y ajenas. La fabricación digital, el Internet de las Cosas y la inteligencia artificial (IA) empiezan a convertirse en herramientas reales para impulsar urbes más conscientes, conectadas y funcionales.
“Una ciudad consciente parte de reconocer su propia realidad: lo que falta, lo que duele, lo que urge. A partir de esa conciencia, la tecnología entra a sumar para hacer viable las ideas que tienen para solucionar problemas”, señala Ronal Noel Vilca, manager en FabLab UNHEVAL.
Las tecnologías emergentes no son un fin en sí mismas, sino un puente para entender y resolver las problemáticas reales de las comunidades. Y ese puente —asegura— empieza en la conciencia de quienes viven la ciudad.
Tecnología que nace de la necesidad real
Vilca señala que, en su experiencia, los estudiantes y docentes suelen saber con claridad qué problemas enfrentan en su entorno: transporte deficiente, falta de seguridad, espacios públicos poco accesibles, procesos manuales lentos o sistemas urbanos desconectados. Lo que no siempre saben es cómo transformar esas ideas en soluciones tangibles. Ahí aparece el FabLab.
Desde impresoras 3D y cortadoras láser hasta herramientas de realidad aumentada e Internet de las Cosas (IoT), estos laboratorios dan forma física a los proyectos que nacen en las aulas y talleres. “En Perú hemos visto cómo una idea que parecía compleja se convierte en un prototipo funcional en cuestión de horas”, menciona. “La fabricación digital permite materializar sueños”.
El potencial del IoT en las ciudades andinas
Aunque Bolivia aún está dando sus primeros pasos en el uso extendido del IoT, Vilca asegura que existe un terreno fértil. Muchos estudiantes —añade— conocen su realidad mejor que nadie, lo que abre la puerta para aplicaciones concretas: sensores ambientales, sistemas de monitoreo urbano, automatización de servicios básicos, soluciones para movilidad o gestión de residuos.
El IoT conecta objetos cotidianos —luminarias, electrodomésticos, vehículos, medidores de energía— a una red capaz de recopilar datos en tiempo real y automatizar procesos. En palabras simples: permite que la ciudad “piense” por sí misma.
“Lo importante no es que el estudiante sepa programar de entrada. Lo importante es que entienda el problema”, añade. “La red Fab Lab cuenta con especialistas para acompañarlos y convertir esas ideas en proyectos reales”.
Inteligencia artificial: el siguiente salto urbano
Sobre inteligencia artificial, el experto es enfático: no se trata de una moda, sino de una herramienta transversal que ya está moldeando la manera en que interactuamos con la ciudad. Desde la optimización del tráfico hasta la automatización doméstica, los algoritmos pueden simplificar tareas que antes requerían tiempo y esfuerzo.
“Hoy muchos hoteles funcionan con sistemas automáticos. Pero lo que viene es la verdadera integración: que desde tu propio teléfono puedas controlar luces, puertas o climatización, no solo con un control automático, sino con una plataforma que aprenda de tus hábitos”, explica.
La visión apunta hacia una industria 4.0 aplicada al ciudadano común: dispositivos que no solo reaccionan, sino que anticipen necesidades.
FabLab: una red que conecta soluciones
Uno de los pilares clave en esta misión es la red global FabLab, impulsada desde el Massachusetts Institute of Technology (MIT), que promueve la fabricación digital como herramienta de democratización tecnológica. En Perú, el nodo UNEVAL que dirige Vilca funciona como un laboratorio abierto donde estudiantes, profesionales y ciudadanos pueden aprender, experimentar y crear.
En su visita a La Paz, el ingeniero trabajó con jóvenes bolivianos para co-crear proyectos que respondan a las necesidades locales. Su propósito, dice, es sembrar la semilla de un futuro en el que la tecnología no llegue desde afuera, sino que nazca desde la misma comunidad.
Al final, la tecnología —impresoras 3D, IoT, inteligencia artificial— es solo una pieza del rompecabezas. La ciudad del futuro será aquella que entienda sus desafíos y utilice las herramientas sin perder de vista a las personas.
“Las tecnologías emergentes no vienen a reemplazar lo que ya sabemos, vienen a complementar nuestra conciencia y nuestro sentido de comunidad”, concluye. “Una ciudad consciente es la que se reconoce a sí misma y decide mejorar. La tecnología simplemente acelera ese camino”.